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La regeneración imposible

Hace días hablaba de la desmoralización de la sociedad. Es decir, de su falta o pérdida absoluta de moral, de valores éticos, cívicos, y cómo llevaba al vacío de las crisis y al abuso de la política y los mercados. Escribía, como casi siempre, con la vana ilusión del necio que cree en las segundas oportunidades. Escribía desde la esperanza de quien cree en la enmienda, en aprender de nuestros errores y ser mejores, para nosotros y para nuestros semejantes. Pero sólo unos días después, me tropiezo con un artículo de Perez Reverte donde cuenta, con la maestría que lo caracteriza, la triste historia de una galga que murió tras cuatro días de abandono en el Metro de Madrid. La vieron los conductores, los empleados de mantenimiento, los vigilantes, los viajeros; todo quisqui. Y nadie hizo nada.

Cuatro días sola, sin agua, sin comida, asustada. Algunos pasajeros del Metro dieron la voz de alarma. Y los responsables del Metro de Madrid mintieron. Mintieron como los barracos que son. Que ya no estaba en las vías, que la habían llevado a una protectora… todo mentira. Hijos de puta. Al final, dos chicas de una protectora recuperaron el cadáver de la pobre galga. En su acción altruista, estas dos jóvenes fueron la excepción de una sociedad que va a lo suyo, que no le importa nada ni nadie.

Coincide la noticia con otra igual de cobarde e inmoral, la autorización de una masacre de animales abandonados en Punta Umbria. Junta de Andalucía y Ayuntamiento han permitido la organización de batidas que acaben a tiros con la vida de los perros abandonados en el municipio. Una decisión tomada por un gobierno de perdedores, Psoe e IUCA- LV, que fueron segunda y tercera fuerza política, pero sobre todo, de embusteros, en especial la coalición de Cayo Lara. Bien que protestaban contra este tipo de acciones cuando estaban en la oposición. Incluso llevan siglas ecologistas y presumen de un programa rojo y verde. Pero poco le ha temblado el pulso a la hora de autorizar que maten a balazos a indefensos perros que fueron abandonados por sus amos.

Esta es una prueba más de la catadura moral de los irresponsables y sinvergüenzas que nos gobiernan. Mientras dicen y presumen de unas cosas, se dedican a hacer justo la contraria. Siquiera han tenido en cuenta la imagen de bestialidad y tercermundismo que estamos dando al resto de Europa. Si no tuviésemos bastante mala prensa, las imágenes de la galga de Madrid o de los asesinatos indiscriminados de perros en Punta Umbría están dando la vuelta al mundo.

Todos lloran y se rasgan las vestiduras ahora que nos enteramos de la corrupción. Pero los sobres no circulan ahora. Circularon cuando a nadie le importaba una mierda que la especulación inmobiliaria endeudase familias, generara corruptelas, acumulase más billetes de quinientos bajo el colchón (o dentro de sobres) que en ningún lugar del mundo. Todos miraban para otro lado cuando depredaban el territorio, y nadie preguntaba de dónde salía el dinero para el polideportivo, la autovía o el nuevo paseo marítimo. <<Pero que bonita han dejado la plaza>> y la plaza estaba bonita. Redios que lo estaba. Y endeuda, hasta los ojos; porque las obras se hacían, no por ser necesarias, sino para contentar la vista y a los votantes. Y claro, como no había dinero suficiente en las arcas municipales, o autonómicas, o estatales, pues nada: crédito va y crédito viene. Orgía de préstamos. A los notarios se le ponía dura con las hipotecas y viendo cómo los promotores se embolsaban los sobres en B. Porque siempre había sobres en B.

Cuando alguien protestaba, preguntaba, cuestionaba. ¡Será idiota! Si no hay más que bichos. ¿Qué puede importar asfaltar un poco más el campo? ¿Destruir los ecosistemas? Dará trabajo en el pueblo. Eso es dinero. Eso es riqueza. ¿Dónde está ahora el dinero y la riqueza? Ahora no hay campo, solo esqueletos de hormigón, vacíos, sin vida. Monumentos a la época en la que nos creíamos ricos. Pero sobre todo, nos creíamos por encima del bien y del mal.

¿Hemos aprendido la lección? A la vista de lo que ocurre en el día a día de las ciudades, a la vista del desinterés que la vida de un ser indefenso causa en centenares, miles de personas. No hemos aprendido la lección. Quizás nunca lo hagamos. Puede que esté equivocado, que haya estado equivocado toda mi vida, y que, en efecto, merezcamos lo que tenemos. Que sepan los hijos de puta que gestionan el Metro de Madrid, que aquella galga, era nuestra dignidad como seres humanos, nuestra sanidad, nuestras pensiones, nuestros empleos. Y la hemos dejado morir por hijos de puta.

http://www.finanzas.com/xl-semanal/firmas/arturo-perez-reverte/20130203/solo-perra-4645.html

Firmar para acabar con la masacre de animales en Punta Umbría: http://www.change.org/es/peticiones/cese-inmediato-de-la-matanza-de-perros-en-punta-umbr%C3%ADa-huelva-espa%C3%B1a

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