Podría ser peor

Quien no se consuela es porque no quiere. Un amigo, filósofo y ateo, asegura que es culpa de la educación católica apostólica y romana de los españoles. <<Nos han enseñado que la resignación es una virtud – dice –. Muchos siglos con aquello de “me lamentaba de no tener zapatos hasta que vi a un hombre que no tenía pies”>>. Algo así podemos comentar sobre el acuerdo del Consejo Europeo para el presupuesto de la Unión hasta el 2020.

Por supuesto, el acuerdo será voceado como un gran acuerdo, y asegurarán que era esto o la nada. Porque siempre que se llega a una mierda de acuerdo, alguien recuerda que sin él llegaría la anarquía, el hambre, la guerra, el fin de los tiempos. Durante los próximos días, hasta que la vertiginosa realidad ponga el foco en otra parte, sesudos comentaristas hablarán de las virtudes del acuerdo. Y alguna tiene, no lo voy a negar, pero después de tanto marear el guiso, uno confiaba que al menos supiese bien. No esperaba ningún plato de autor, pero sí un cocido medio decente. Pero esto acuerdo no llega ni a tentempié.

Lo cierto es que el acuerdo presupuestario deja en bolas a la UE a partir del 2015, momento en el que se prevé la recuperación económica. La falta de recursos en la UE podría poner en peligro ese crecimiento tan esperado. Condenando no sólo a España, sino a la mitad del continente, a una década perdida.

Además, con estos mimbres, no hay cestos de unión política posible. Hablar ahora mismo de la posibilidad de continuar el proceso de integración, tanto fiscal como política, es hacer ciencia ficción. Los libros de Isaac Asimov son más realistas que un discurso de integración real de Europa. El acuerdo, paradójicamente, deja de manifiesto los desacuerdos de fondo que existen en la Vieja Europa.

España – menos mal – continuará siendo perceptor neto. Un ridículo 0,2% en el saldo a favor de nuestras cuentas hará que, si no recibimos nada de la UE, al menos tampoco tengamos que poner pasta encima de la mesa. El gobierno lo venderá como un éxito, pero con la indigestión que nos ha causado el menú cocinado por Merkel, solo faltaría que además tuviésemos que pagar la factura.

Por desgracia, la reducción en el presupuesto asestará un golpe terrible a sectores tan importantes como la agricultura, la ganadería, la pesca y la minería. Y las regiones más pobres, como Andalucía, Galicia o Castilla – La Mancha, verán reducido a lo largo de este periodo de siete años los recursos que llegan de la UE hasta un 60%. Malas noticias que agravarán la brecha territorial, especialmente en un momento que las inversiones públicas – incluidas las infraestructuras – se han paralizado.

Ahora queda pendiente una nueva batalla: la Eurocámara. El Parlamento Europeo fue tajante al amenazar a los gobiernos que no aprobaría un presupuesto como el que se acordó en el Consejo Europeo. Matin Schulz, el presidente de la Cámara ya se ha mostrado contrario a un presupuesto que genera un enorme déficit en la UE, pues el desfase entre los gastos ya comprometidos y los ingresos que se percibirán es abismal. Veremos si los parlamentarios se comportan cuando llegue el momento u obedecen a sus direcciones nacionales. Lo contaremos. 

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