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El laberinto del Psoe

El Psoe siempre ha presumido de ser el partido que mejor entendía la articulación territorial de España. De hecho, es el único partido que puede presumir de haber gobernado en todas las Comunidades Autónomas al menos una vez. Sin embargo, esa capacidad de adaptar su discurso a los diferentes territorios nunca había supuesto una negación del principio de unidad nacional. Ahora, sin embargo, las posiciones del PSC son claramente rupturistas con España, ponen en cuestión el principio de unidad nacional que siempre habían defendido y que era – o al menos eso se suponía – la línea roja.  

El caso es que el debate no da para mucho. Si el Psoe sabe leer la opinión de la calle, sabrá que los costes de la ruptura con el PSC son mínimos en comparación con los costes electorales que supondría volverse a presentar a las elecciones junto al PSC. En España tenemos demasiados problemas como para andar ahora buscando soluciones sesudas a los problemas territoriales. Después de tres décadas de convivencia que ha funcionado razonablemente bien, no creo que sea el momento de huídas hacia ninguna parte.  

La socialdemocracia carece de proyectos creíbles y de un modelo de acción política que ilusione a las nuevas generaciones. En este contexto, lo peor que pueden hacer es desencantar también a los incondicionales de Andalucía o Extremadura, quienes están ya demasiado cansados de aguantar los desplantes independentistas. Algunas voces en el seno del Psoe ya se han posicionado claramente a favor de la ruptura. Confío que sean escuchadas y el Psoe rompa con el PSC de inmediato. No hacerlo supondrá seguir hundiéndose más, tanto en lo electoral como en lo ético. Que nadie olvide que en los últimos 20 años, el PSC, antaño el referente de la emigración en Cataluña, ha perdido más de la mitad de los votos, y dejado huérfanos a muchos catalanes que también se sienten españoles. Si el Psoe no hace nada para dar respuesta a toda esa gente que el PSC dejó en la cuneta, sino que está dispuesto a seguir siendo chantajeado por el PSC, serán tan culpables como el propio PSC, y desde luego, no deberían llevar más la letra E de España en sus siglas. Resulta ofensivo.

Los intelectuales del Reich vuelven a la carga

04/03/2013 1 comentario

Hans- Werner Sinn es a la economía lo que Dan Brown a la literatura. Su popularidad y reconocimiento público no va a la zaga de sus aportaciones económicas. En realidad, nunca ha hecho una sola aportación económica importante. Toda su carrera profesional se ha basado en el autobombo y la polémica para captar la atención mediática.

Su cuidada imagen, con barba a lo capitán Ahab – e igual de trastornado, dogmático y fanático que él personaje de Moby Dick –, le ayudó a lograr el protagonismo necesario para vender sus libros como rosquillas y ganarse un puesto entre los gurús alemanes de las finanzas. ¿Cuál era su mensaje? Uno sencillo, directo y fácil de entender: <<Dentro de unos años, nuestros hijos se verán obligados a ir al Sur de Europa a recuperar nuestro dinero>>. Un lema que pronto se convirtió en el lema de la derecha alemana e inauguró la política exterior y económica del cuarto Reich. Igual que antes se acusaba a los judíos o los gitanos de los males que sufría la Gran Alemania; ahora se busca en los países mediterráneos a los chivos expiatorios sobre los que intentar levantar un nuevo Reich de los mil años.

La cosa no pasaría de anécdota de no ser porque Hans- Werner Sinn es el economista de cabecera de Merkel y una de las figuras más populares de Alemania. Su mensaje ha calado en la sociedad germana hasta límites insospechados. Hoy en día, es difícil encontrar a un solo alemán que no crea que el mayor riesgo para Alemania sea el supuesto despilfarro de los países del sur. Países en los que, por otra parte, sus castas políticas han reaccionado demasiado tarde a la agresión continua. No olvidemos que la manera habitual de referirse a nosotros es la de PIGS, cerdos en inglés. Una expresión que da muestra de las bases ideológicas últimas que sustentan las corrientes de austeridad promulgadas por los alemanes.

Ahora que cada vez hay más voces críticas en el seno de la UE, este grupo de intelectuales del Reich económico de Alemania vuelve a la carga, esta vez para asegurar que España aún debe sufrir diez años de crisis y austeridad, como mínimo, hasta lograr una devaluación interna cercana al 30%. Pero aquí no ha de quedar la cosa, porque algunos países, como Grecia y Portugal deberán marcharse del euro. Y continúan: Francia, objetivo final del Reich, también deberá sufrir una devaluación interna del 20% en un periodo de tiempo similar. Y mientras todo esto ocurre en los países no germanos, Alemania y el resto de los arios, como Austria, deberán procurar una expansión cercana al 20%. Dicho de otro modo, se trata de situar la economía de los países no germanos en una proporción de ½ frente a la germana. Se trata de reducir nuestro PIB a la par que crece el de Alemania a fin de lograr que nuestros costes equivalgan al 50% de los costes alemanes y ellos aumentar un mínimo de un 20% su poder adquisitivo.

La cuestión importante es, pues, cuando vamos a pasar de una puñetera vez a la ofensiva y vamos a plantarnos para evitar que logren, mediante el uso de las políticas económicas aquello que no lograron con los tanques: una Europa bajo el yugo germano. Y es que esto no es una crisis; es una guerra por el control del viejo continente y la creación de una masa amplia de ciudadanos de segunda clase, sin derechos sociales, laborales ni sanitarios

El BCE está inactivo frente a la crisis

BCE-Crisis

BCE-Crisis

No lo digo yo, aunque bien saben que lo pienso, lo dice Arnaud Montebourg, ministro de Hollande al frente de la cartera de Recuperación Productiva. Y fue más lejos: << El BCE no se ocupa del crecimiento, no se ocupa de los parados, no se ocupa de la población europea>>. Es cierto que este ministro, conocido por su incontinencia verbal, es uno de los referentes mediáticos del ejecutivo de París y que sus declaraciones han de ser leídas en clave interna y no europea, pero es precisamente por esto por lo que resultan tan llamativas estas afirmaciones.

En Francia, cada vez es mayor la crítica hacia una UE gobernada por Alemania. Al frente de estas protestas están, sobre todo, los euroescépticos de siempre y la derecha de Le Pen, que incluso exige un referéndum para enero del 2014 sobre la continuidad de Francia en Europa. Sin embargo, el sentimiento de oposición a una Europa opaca y en manos de la todopoderosa Alemania cada vez es más hegemónico entre los franceses.

Algunos dirán que Francia siempre ha sido euroescéptica. Tienen razón, y tal como se están desarrollando los acontecimientos parece que tenían motivos sobrados para no desear una UE fuerte. Pero el hecho indiscutible es que, a medida que Europa cae en manos de Alemania, cada vez son más los europeos que reniegan de la Unión. Esta es la más grave de todas las consecuencias de las políticas austericidas que están impulsando desde Berlín: el fin del sueño europeo.

 

De la Reforma Local

Es imprescindible. Nadie lo puede poner en duda. La situación de los entes locales en España es vergonzosa. Por un lado, carecen de una financiación adecuada; por otro, son territorio proclive al abuso de poder, la simonía y el clientelismo. Todos sabemos de casos en los que un alcalde y los concejales de su grupo cobran cantidades obscenas, y se rodean de infinidad de asesores, puestos de libre designación, choferes y secretarias. Hay poblaciones de apenas 200.000 habitantes que disponen de gabinetes de prensa (escogidos a dedo) más numerosos que el de Presidencia del Gobierno.  Poner coto a estos abusos, limitando el número de liberados, asesores y puestos de libre designación, regulando sus salarios y evitando las puertas de atrás (proliferación de entes y empresas públicas, y asociaciones subvencionadas por los ayuntamientos), debería ser una prioridad de todos.

El problema surge cuando, a raíz de estos cambios necesarios (una imposición de la realidad, la sociedad y tomada a instancias de la UE, que nos dio varios toques informales al respecto), se intentan colar cuestiones que no son tan pulcras en sus intenciones. Con la Reforma Local que busca el PP, se pretende, entre otras cosas, blindar el bipartidismo.

Es en la administración local donde más fácil tienen lograr representación las fuerzas más pequeñas. Limitando las competencias se pretende que tengan una capacidad de gestión mínima, impidiendo que los ciudadanos puedan contrastar distintos modelos de gestión política. Además, con la limitación en el número de concejales liberados (mucho más drástica que en asesores y demás chufla enchufada), se busca restar recursos humanos y políticos a los grupos más pequeños. A día de hoy, un concejal portavoz en un ayuntamiento es todo el personal con dedicación exclusiva que cuentan formaciones como IU o UPyD en toda una provincia. Restando esta liberación, se pretende limitar la capacidad de acción de estos partidos.

Además, la redefinición del mapa municipal, llevaría a la integración de muchos pequeños municipios en otros más grandes. Como consecuencia, poblaciones de apenas quinientos o seiscientos habitantes pasaran a depender de un municipio cuyo núcleo de población principal es de cinco o diez mil habitantes. Consecuencia: las pequeñas poblaciones perderán cualquier capacidad de decisión sobre su propio destino, quedando en manos de los intereses económicos, a menudo especulativos, de poblaciones más grandes. En pocos años, asistiremos a una depredación del territorio rural. La población nativa de aldeas rurales se verá desplazada por los intereses económicos de grandes grupos económicos con intereses turísticos e inmobiliarios. Con la actual propuesta de Reforma de la Ley Local, certificaremos el final del mundo rural y se apuntalará el bipartidismo, el cual parece ser el objetivo último del PP en esta legislatura.

En realidad, lo que hace grandes o pequeños a los partidos no es tanto el número de diputados en el Congreso como su poder territorial y su presencia en todas las administraciones. Es de los ayuntamientos y las diputaciones provinciales desde donde llega mayor financiación a los partidos políticos mayoritarios. Es también, la base de su poder territorial. Está más que comprobado que allí donde se rompe el bipartidismo a nivel local se hunde también a nivel autonómico. Eso es justo lo que quieren impedir con esta reforma. Pretenden vaciar de competencias los ayuntamientos con el objetivo de ponérselo más difícil a los partidos pequeños. 

Elecciones en Italia

Aunque no están ocupando muchos titulares de prensa, las elecciones italianas pueden ser determinantes para el futuro de la UE, y sobre todo, para los objetivos de España, que junto a Francia (cuya economía se deteriora a marchas forzadas), precisa de aliados que logren involucionar la austeridad impuesta y permitan el crecimiento.

Berlusconi ha llegado para enrarecer, de nuevo, el ya pesado y complejo sistema político italiano. Una democracia que aún no se ha repuesto del hundimiento de sus dos grandes partidos: el Partido Comunista Italiano, el más importante de Europa; y la Democracia Cristiana. Curiosamente, mucho de lo que se está viviendo hoy en España, lo sufrieron los italianos hace más de veinte años, cuando a comienzo de los noventa, tras la ciada del muro de Berlín, las contradicciones internas y los problemas de corrupción hundieron a las dos grandes formaciones, permitiendo el resurgir de los populismos.

Como consecuencia del hundimiento de unos partidos que, no lo olvidemos, sirvieron de referente para la creación de los dos grandes partidos que gobiernan en España, la política italiana se fragmentó en una pléyade de partidos pequeños que concurren a las elecciones en endebles coaliciones. Esta debilidad de los partidos, y la ausencia de programas que los amalgamen, dejo espacio para que figuras como Berlusconi alcanzasen el poder. Pero sería injusto acusar sólo a Berlusconi, pues él  representa un arquetipo de populismo, asociado con la derecha y los poderes financieros y mediáticos. En el otro lado, un exultante Beppe Grillo, igual de populista que Berlusconi, impulsa un movimiento de clara tendencia izquierdista y asamblearia que se abre paso entre unos partidos débiles y desacreditados, rehenes en muchos casos de su propio pasado, al cual no han sabido (o no han querido) dar la espalda.

Italia debe servir para la reflexión, pues el mejor ejemplo de lo que puede llegar a convertirse la política española durante décadas, si somos incapaces de asumir las reformas necesarias para evitar que nuestra joven democracia se convierta en el terreno abonado a la demagogia y el populismo. Además, como he dicho más arriba, los resultados de de estas elecciones pueden ser trascendentales para el futuro de Europa, y en especial para los intereses de España y el conjunto de los países mediterráneos. 

De vencedores y vencidos

La política se ha desprestigiado tanto que compite con los reality show. Los políticos reciben clases de interpretación, aprenden a gesticular en público y cuidan la escenografía como si fuesen a rodar la segunda parte de Lo Que El Viento Se Llevo. Algunos, incluso se visten y maquillan como galanes de cine.

Los medios de comunicación tienen mucho que ver con esta degradación de la política en espectáculo de masas. No es de extrañar que, cada vez que acaba una cumbre europea, la mayor parte de los periódicos, radios y televisiones se pregunten ¿Quién ha ganado? ¿David Cameron o Hollande? Como si un acuerdo presupuestario fuese un partido entre el Real Madrid y el Barcelona. Partidos en los que, en ocasiones, siquiera importa ya el resultado; sólo el duelo RonaldoMessi. El morbo por bandera.

Pero mientras algunas dan por ganador a los contribuyentes netos, es decir a Alemania (que se ha encontrado un aliado sorprendente en el Reino Unido) y por derrotado a Hollande, lo cierto es que los únicos que perdemos somos los europeos. Es el sueño de una Europa unida, fuerte y próspera el que se va por la alcantarilla.

La decisión de claudicar ante las teorías de la austeridad es un error de bulto. Ni España, ni Francia, ni Italia debían haber accedido al acuerdo. Este no sólo refuerza el carácter germanófilo de la UE, sino que también destruye las aspiraciones de solidaridad intercomunitaria por más de una década. Crea, además, un conflicto. O al menos, lo larva. El Parlamento Europeo puede revelarse y vetar el acuerdo. Aún está por ver si los europarlamentarios los tendrán puestos en su sitio o se acojonarán en el último minuto. Pero si el Parlamento Europeo cumple aquello que lleva meses anunciando y rechaza los presupuestos, surgirá un conflicto institucional grave en la UE. Se enfrentarán, y puede que a cara de perro, el poder legislativo elegido directamente por los ciudadanos de la UE, con el poder ejecutivo, creado a partir de la elección de gobiernos en cada país. Un conflicto que irá más allá de lo económico y lo institucional: la confrontación de las dos Europas: la de los Estados y la Europa de los ciudadanos.   

La trampa de las listas abiertas

08/02/2013 2 comentarios

Últimamente, hay quien cacarea sobre las listas abiertas, las cuales parecen la purga Benito. Sin embargo, el modelo tal y como lo proponen es aún por que el actual, y sólo crea una falsa ilusión transitoria de control ciudadano sobre los políticos.

Con las listas abiertas, los partidos minoritarios quedarían excluidos del parlamento. Es así de sencillo. La concentración de votos en las listas mayoritarias haría que los pequeños siquiera pudiesen optar a un solo representante. Recordemos los resultados de circunscripciones tan importantes como la de Madrid en las elecciones del 20 de noviembre de 2011.

PP                 1.719.709 votos.          50,97%      19 diputados.
PSOE                   878.724  votos.          26,05%      10 diputados.
UPyD                   347.354  votos.          10,3%        4 diputados.
IU                   271.209  votos.          8,04%        3 diputados.

Si tomamos como hipótesis que el 80% de los electores de un partido darían todos sus votos a los candidatos de ese partido. Cada uno de los candidatos del PP obtendría alrededor de 1.375.000 votos. Es decir, coparía todos los diputados elegidos en esa circunscripción. Incluso suponiendo que el 50% de los votos se repartiese, el menor de los votados en la candidatura del PP sería de algo más de 850.000 votos. Sólo los candidatos más aventajados del Psoe alcanzarían algún escaño. Nos encontraríamos, con este sistema de listas abiertas puras, en una situación similar a la del Senado, con una representación de senadores electos de 136 PP, 48 Psoe, 9 CIU, 7 PSC-IC-EU, 4 PNV, 3 Amiur, 1 Coalición Canaria, 0 UPyD, 0 IU.

Cabría plantear la elección de un modelo mixto, y una vez los diputados se asignen por el método D´Hondt, los candidatos se ordenen según los votos obtenidos dentro de la propia lista. Es decir, si al PP le corresponden 19 diputados, estos se elijan entre las 19 preferencias más votadas dentro de la propia lista. Pero el resultado sería casi invariable al modelo actual. Pero analicemos un momento los resultados anteriores. Si son 36 los diputados a elegir. A IU, con un 8% le correspondería 2,8, redondeando: 3 diputados; justo los que ha obtenido. A UPyD, con un 10%, un 3,6, redondeando: 4 diputados, justo los que ha obtenido. Al Psoe, el 26% de los 36 diputados a elegir, es decir: 9, 3, redondeado a 10. Y al PP, con la mitad de los votos, le corresponde el 50% de diputados, es decir: 18, más uno extra por los restos. Se parecía, por tanto, que el sistema sí es proporcional en este caso. ¿Dónde está el problema? En las circunscripciones pequeñas, aquellas que eligen nueve o menos diputados, con una media de seis. Este escaso número hace que sea prácticamente imposible en más de 42 circunscripciones lograr un escaño para los terceros partidos.

La consecuencia es evidente: IU con un 6,92% en el conjunto del Estado, sólo logra 11 diputados, 6 menos que CIU con sólo un 4,17% de los votos. UPyD, con un 4,69% de los votos, es decir, cuatro veces los votos obtenidos por Amaiur, logra sólo 5 diputados, la formación vasca, con poco más de 1% de los votos 7, y CIU, con un resultado electoral inferior al de UPyD e IU, 16. Nos encontramos pues, no tanto ante un problema de proporcionalidad matemática sino a un sesgo territorial que ha creado feudos y tapones. Feudos que sobredimensionan la representatividad real de algunas formaciones políticas, y tapones que impiden desbordar el bipartidismo pues garantizan siempre las mayorías absolutas y con ellas, los rodillos democráticos y la falta de diálogo y consensos entre los grupos.

Un cambio hacia listas abiertas, con o sin modificar el mapa electoral, sólo conduciría a una mayor concentración de poder en los partidos mayoritarios. Y a la práctica exclusión de los grupos pequeños y los independientes. El debate real, el que interesa realmente a los ciudadanos, es el debate de las circunscripciones y la proporcionalidad. Una combinación que aporta el modelo Proporcional Personalizado, que es el usado en una de sus variantes por Alemania y Nueva Zelanda.

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