Cuando sólo importa maquillar las estadísticas

Las medidas aprobadas por el gobierno para impulsar la economía sólo buscan maquillar las estadísticas, aun a costa de llevar más sufrimiento a la sociedad. La más grave de todas las decisiones ha sido la deducción del 100% de las cotizaciones a la seguridad social durante un año para los contratos indefinidos de menores de 30 años. Dicho de otra forma, se condena a la exclusión del mercado laboral de todos aquellos españoles que se encuentren entre los 30 y los 67 años. Especialmente grave será la consecuencia de esta medida en quienes tienen ahora entre 30 y 40 años. Estos sufrirán una exclusión total del mercado laboral, sin posibilidad de encontrar un empleo y sin ninguna facilidad para emprender una empresa, pues las medidas para autónomos se centran, igualmente, en la franja de los menores de 30 años.

El gobierno de Rajoy ha excluido al segmento de población más vulnerable, pero a la vez también más productivo. Se trata de hombres y mujeres que tienen cargas familiares e hipotecas por pagar. Parejas jóvenes con hijos pequeños. La mayoría muy formados y con experiencia. Sin embargo, la decisión de primar los contratos de menores de 30 años supone que los treintañeros tendrán vedado el reingreso al mercado laboral durante años, cuando no serán expulsados de él para contratar a gente más joven con menos costes salariales. Además, se trata del grueso más valioso de la población activa, pues están formados (tanto o mejor que los recién graduados), dominan las nuevas tecnologías (tanto o más que los jóvenes, además las han empleado no sólo para el ocio y la formación, sino también en el ámbito laboral y profesional) y poseen experiencia. Pero el gobierno ha decidido que es mejor sacrificarlos para que las estadísticas de desempleo juvenil bajen.

La discriminación positiva siempre ha generado agravios, pero en esta ocasión ha llegado a un punto inaceptable. A todos los españoles de más de 30 años los ha convertido en ciudadanos de segunda clase, negándoles la oportunidad misma de encontrar un empleo.  Además, supone un error en términos económicos, porque estamos primando a quienes no han adquirido la experiencia necesaria para afrontar ciertas responsabilidades ni desenvolverse de manera correcta en un empleo. Se está empujando a los jóvenes a que hipotequen su futuro emprendiendo empresas que estarán – en su mayoría – abocadas al desastre. Recordemos que la tasa de mortandad de las empresas en España es altísima, en condiciones normales el 70% no supera los cinco años de vida. No hablemos de una situación como la actual, con una reducción de casi el 10% en el número de empresas existentes el último año. Ya en el 2008, el 20% de las empresas iniciadas desaparecieron durante el 2009. Con estas cifras, emprender un negocio es una heroicidad, pero hacerlo sin contar con una trayectoria profesional previa y sin experiencia sobrada, tanto en el sector como en la gestión del negocio, es un suicidio. Pero nada de esto le importa a Rajoy. No le importa que los jóvenes que se hagan autónomos destruyan su futuro, ni la exclusión laboral que impone a la generación de treintañeros, condenados a rebuscar en los cubos de basura la comida para sus hijos pequeños.

 

 

De la Reforma Local

Es imprescindible. Nadie lo puede poner en duda. La situación de los entes locales en España es vergonzosa. Por un lado, carecen de una financiación adecuada; por otro, son territorio proclive al abuso de poder, la simonía y el clientelismo. Todos sabemos de casos en los que un alcalde y los concejales de su grupo cobran cantidades obscenas, y se rodean de infinidad de asesores, puestos de libre designación, choferes y secretarias. Hay poblaciones de apenas 200.000 habitantes que disponen de gabinetes de prensa (escogidos a dedo) más numerosos que el de Presidencia del Gobierno.  Poner coto a estos abusos, limitando el número de liberados, asesores y puestos de libre designación, regulando sus salarios y evitando las puertas de atrás (proliferación de entes y empresas públicas, y asociaciones subvencionadas por los ayuntamientos), debería ser una prioridad de todos.

El problema surge cuando, a raíz de estos cambios necesarios (una imposición de la realidad, la sociedad y tomada a instancias de la UE, que nos dio varios toques informales al respecto), se intentan colar cuestiones que no son tan pulcras en sus intenciones. Con la Reforma Local que busca el PP, se pretende, entre otras cosas, blindar el bipartidismo.

Es en la administración local donde más fácil tienen lograr representación las fuerzas más pequeñas. Limitando las competencias se pretende que tengan una capacidad de gestión mínima, impidiendo que los ciudadanos puedan contrastar distintos modelos de gestión política. Además, con la limitación en el número de concejales liberados (mucho más drástica que en asesores y demás chufla enchufada), se busca restar recursos humanos y políticos a los grupos más pequeños. A día de hoy, un concejal portavoz en un ayuntamiento es todo el personal con dedicación exclusiva que cuentan formaciones como IU o UPyD en toda una provincia. Restando esta liberación, se pretende limitar la capacidad de acción de estos partidos.

Además, la redefinición del mapa municipal, llevaría a la integración de muchos pequeños municipios en otros más grandes. Como consecuencia, poblaciones de apenas quinientos o seiscientos habitantes pasaran a depender de un municipio cuyo núcleo de población principal es de cinco o diez mil habitantes. Consecuencia: las pequeñas poblaciones perderán cualquier capacidad de decisión sobre su propio destino, quedando en manos de los intereses económicos, a menudo especulativos, de poblaciones más grandes. En pocos años, asistiremos a una depredación del territorio rural. La población nativa de aldeas rurales se verá desplazada por los intereses económicos de grandes grupos económicos con intereses turísticos e inmobiliarios. Con la actual propuesta de Reforma de la Ley Local, certificaremos el final del mundo rural y se apuntalará el bipartidismo, el cual parece ser el objetivo último del PP en esta legislatura.

En realidad, lo que hace grandes o pequeños a los partidos no es tanto el número de diputados en el Congreso como su poder territorial y su presencia en todas las administraciones. Es de los ayuntamientos y las diputaciones provinciales desde donde llega mayor financiación a los partidos políticos mayoritarios. Es también, la base de su poder territorial. Está más que comprobado que allí donde se rompe el bipartidismo a nivel local se hunde también a nivel autonómico. Eso es justo lo que quieren impedir con esta reforma. Pretenden vaciar de competencias los ayuntamientos con el objetivo de ponérselo más difícil a los partidos pequeños. 

8 falacias sobre los toros

1. El toro no sufre.

Como mamífero desarrollado posee un complejo sistema nervioso. Sufre dolor y estrés durante su tortura. Las banderillas están diseñadas para desgarrar la carne y causar lesiones graves en los tejidos internos. Estas heridas, al estar próximas a la espina dorsal, le impiden levantar la cabeza. El mismo fin busca el picador a caballo, que entra al comienzo de la lidia para acosar, castigar y causar heridas que hagan imposible la defensa del animal.

La espada no mata al toro, sino que le provoca graves heridas, que son la causa de una hemorragia interna que ahoga al toro. El toro no muere por la acción directa de la espada, sino ahogado en su propia sangre por las heridas que esta le causa.

La puntilla tampoco acaba con la vida del toro. Se clava entre las vértebras atlas y axís, dejándolo inmovilizado (tetrapléjico), pero en la mayoría de los casos, el toro continua vivo cuando lo arrastran al desolladero.

2. Sin las corridas de toros los toros no existirían.

Falso y absurdo. El toro posee valor como biotipo ambiental, forma parte del ecosistema y cumple sus funciones en la cadena trófica, su existencia nunca ha dependido del hombre; no así su exterminio, el cual si es responsabilidad del hombre.

No existe ninguna diferencia entre un toro de lidia y otro que no lo sea, pertenecen a la misma especie y subespecie: Bos Primiginious Taurus.

3. El toro es peligroso y agresivo.

Al contrario, los ganaderos han intentado seleccionar a los especímenes con la intención de potenciar la agresividad. El toro animal herbívoro, de carácter manso y tranquilo, que ante una amenaza prefiere huir. Sólo actúan con agresividad cuando se ven acosados, azuzado y herido lucha por intentar sobrevivir.

4.Toro y torero se enfrentan en un duelo justo.

No existe ninguna justicia en el enfrentamiento entre el toro y el torero, que con su inteligencia y premeditación despliega innumerables medios para acabar de manera cruel con la vida del toro.

Al ser el toro un rumiante manso, más proclive a huir que a defenderse, antes de salir a la plaza se le suele golpear en riñones y testículos para provocarle y debilitarle. Se le somete al arpón de la divisa, y ya en la plaza, la garrocha del picador y las banderillas. Sólo después de esta larguísima tortura, el torero se enfrenta a un animal asustado y ya gravísimamente herido.  

En muchas ocasiones, además, se ha sabido que el toro era drogado y sus astas limados para que sean roma.

5. Reciben un trato digno durante su crianza.

Otra de las frecuentes mentiras de los taurófilos. Los ganaderos atormentan a los toros para exacerbar el carácter agresivo e identificar a los ejemplares más proclives a la lidia, alterando su equilibrio psicológico natural.

6. Se trata de una Tradición Española.

Ni lo uno ni lo otro. Los festejos con toros y su sacrificio datan de la época grecorromana, y se originaron en las regiones más orientales del mediterráneo. Durante la Edad Media fueron muy populares en toda Europa. Fue la Ilustración la que acabó con ellas. En España, debido a la debilidad de nuestra Ilustración, y a la restauración de Fernando VII, la fiesta logró perdurar. La fiesta había estado prohibida hasta la Guerra de la Independencia, época en la que José Bonaparte intenta ganarse al pueblo con estos festejos, prohibidos desde Carlos III. Fernando VII, el felón, al llegar al poder y abolir la Constitución de Cádiz, restaura la inquisición y los toros.

7. La mayoría de la sociedad española apoya los toros.

Falso, desde el 2007, el número de festejos se ha reducido un 30% por falta de espectadores. En las últimas encuestas, el 69% de los españoles era contrario o indiferente a estos festejos.

8. Genera Dinero.

Mentira y de las gordas. El sector taurino está en crisis. Sin las ayudas que reciben de las administraciones públicas se hundirían. Sólo sobrevive gracias a dos cosas: multimillonarios contratos suscritos por los ayuntamientos, que arrojan monumentales pérdidas a las arcas públicas; y las subvenciones. De hecho, este sector está, proporcionalmente, más beneficiado que la minería o el sector vinícola.

 

 

Algunas cosas que nadie dice sobre las corridas de toros

La negación del diputado Cantó de los derechos de los animales a generado una oleada de críticas; tantas como de entusiastas adhesiones, muchas de ellas basándose en los argumentos archiconocidos de Savater y Vargas Llosa. Ambos taurófilos, defienden sus posiciones desde la retórica aseverativa desde el contractualismo y el racionalismo. Olvidan que, por más que a ellos les disguste, ninguna de sus posiciones filosóficas deja de estar sujetas a la crítica. Incluso la negación de Kant del noúmeno es magistralmente refutada por uno de sus discípulos: Schopenhauer. Pero no nos adentremos en la disquisición filosófica, pues esta lleva en riña desde hace tres mil años y nada apunta que vaya a lograrse ningún avance. La realidad es que los filósofos morales  discrepan profundamente del estatus ético de los animales no humanos, pero ninguno, o muy pocos, sostienen que no tengamos ninguna obligación de respeto mínimo (1). Es decir, aunque no se ponen de acuerdo en la existencia o no de los derechos de los animales (lo cual no es sorprendente, pues hay también desacuerdo en relación a la misma cuestión sobre los Derechos Humanos), existe amplio consenso en considerar reprobable el maltrato animal. En este sentido, en 1999 EE.UU. aprobó leyes que prohíben la creación, venta o posesión de de material gráfico que muestre crueldad hacia los animales (2). Esta legislación está en la línea de la inmensa mayoría de los países más desarrollados, que prohíben cualquier forma de crueldad innecesaria hacia los animales, su reproducción gráfica y la obtención de beneficios económicos con el maltrato a los animales.

Sin embargo, en España, se sigue amparando legalmente la tortura – y su exhibición con fines de lucro – de los toros. Se justifican, básicamente en retorcidas interpretaciones filosóficas y en premisas falsas o intencionadamente parciales. Por ejemplo, se dice que se trata de la “fiesta nacional”, defendiendo que las corridas de toros forman parte de la identidad de España. Esto no es cierto en modo alguno. Corridas de toros se celebran hasta en China, y en muchos países como Ecuador o Venezuela, la pasión por la tauromaquia es mucho mayor que aquí, donde la sociedad (en más de un 70%, según las encuestas) le dan la espalda mostrándose contraria o indiferente ante el linchamiento de un animal en la plaza.

Se pretende, de manera soez y malintencionada, hacer ver que las corridas de toros son “typical hispanish”. Lo cierto es que los espectáculos taurinos tienen su origen en la cultura grecorromana, y nacieron al otro lado del mediterráneo. Durante la Edad Media fueron festejos muy populares en toda Europa, solo que la Ilustración fue logrando poner coto a estos espectáculos crueles. De hecho, existían múltiples formas de lucha taurina, algunas incluso empleaban a otros animales, como los bull-baitings inglesas, prohibidas a partir de 1824. La Iglesia, en múltiples ocasiones intentó poner freno a estos espectáculos brutales que, desde su perspectiva, significaba también la continuación de ritos paganos que detestaban. Así, en Pío V prohibió estos espectáculos bajo pena de excomunión en Salute Gregis (1567). La actual posición de la Iglesia Católica es la de considerar las corridas de toros como espectáculos “poco edificantes”.

Reyes como Felipe V y Felipe VI lucharon por erradicar esta costumbre, prohibiendo el uso de caballos en las corridas y prohibiendo el lucro en las mismas. Algo que ya había hecho, en sus tiempos, Alfonso X, el Sabio. Jovellanos, el gran ilustrado español, fue uno de los más fieros detractores de las corridas de toros, a las que consideraba espectáculos poco didácticos. Más 

tarde,  Carlos III, siguiendo los consejos del Conde de Aranda, prohibió definitivamente esta práctica. Fue con la llegada de Bonaparte, en un intento de ganarse al pueblo, que se levanta la prohibición. La restauración posterior del brutal Fernando VII será determinante para su retorno. Este rey, el mismo que reinstauró la Inquisición, financió y potenció estos espectáculos taurinos, redefiniéndolos para el culto y la idolatría a su propia persona.

En la actualidad, la sociedad española ha dado la espalada a unos espectáculos que considera salvajes, propios de épocas de barbarie, residuos de un pasado en blanco y negro al que nadie desea volver. La defensa de las corridas de toros, cuya continuidad se ha debido sólo a la debilidad de la Ilustración Española, nos aleja de Europa y del mundo, anclándonos en un pasado de violencia y falta absoluta de respeto hacia la naturaleza y a nuestra propia dignidad humana, pues el hombre se define en cómo trata a quienes son más débiles que él.

 (1)    De toros y argumentos. Artículo publicado en el País el 10 de agosto de 2010. Firmantes: Pablo de Lora, profesor titular de Filosofía del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid; José Luis Martí, profesor titular de Filosofía del Derecho de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, y Félix Ovejero, profesor titular de Ética y Economía de la Universidad de Barcelona.

(2)    Idem. 

De las muchas caras del fascismo

Fascismo es un término que proviene de fascio, haz. La doctrina de Mussolini era simple: <<nuestra política es hacer>>. En última instancia, es la expresión de la intolerancia que cree que el fin justifica los medios. En este sentido, las caras del fascismo son muchas, y no todas visten de azul ni le alinean con la derecha más recalcitrante. De hecho, han sido los movimientos populares de corte asambleario e izquierdista los más proclives a sucumbir al populismo, término más políticamente correcto para denominar lo que no es sino una política intolerante de hechos consumado. Basta con analizar el espectro sociológico de los votantes actuales de los partidos ultranacionalistas en Europa para comprender esta derivaba ideológica. Aunque no todos los partidos europeos ultranacionalistas, es justo reconocerlo, comulgan con estas maneras de hacer política. Pues el fascismo, más que una ideología en sí mismo, es un método de hacer política desde la intolerancia y la imposición.

En España, la última semana, hemos asistido a un ejemplo vergonzoso de esta manera despreciable de hacer las cosas. La joven Beatriz Talegón se ha visto acosada en lo personal, e incluso estado en peligro por decir aquello que pensaba. Nada más pronunciar su discurso, los miserables de siempre – porque no merecen otro calificativo – se movilizaban para insultarla y desacreditarla ante la opinión pública. Lo menos que ha tenido que soportar es que la acusen de hipócrita. Creo que estas acusaciones son falsas, gratuitas y motivadas por la miseria moral de quien le da pábulo. Pero si fuera cierto ¿restaría valor a su discurso? En absoluto. Sus palabras serían firmadas por millones de hombres y mujeres de todo el mundo. Porque hipócrita o no, ha dicho verdades como puños. Su discurso es el discurso que yo mismo hubiese espetado a la cara de los líderes socialistas si hubiese tenido la oportunidad. Por eso estoy infinitamente agradecido a Talegón, ha dado voz a quienes casi nunca la tenemos, porque nos silencian o excluyen intencionadamente de los debates políticos.

Pero lo más vergonzoso llegó durante las manifestaciones contra los desahucios. Allí, un grupo de engendros fascistas, intolerantes, agresivos y violentos, se dedicó a insultarla y amedrentarla. Pretenden con estos actos hacerse los “dueños de la calle”. Argumentan ser ellos los únicos “puros” y  su ideología la “única verdadera”. Actúan como hordas de salvajes, amedrentando, adueñándose de aquello que no les pertenece. Pues bien, la calle es de todos, y no podemos consentir que unos miserables violentos obliguen a nadie a abandonar una manifestación en la que desea estar. De igual modo, también debemos ser inflexibles ante los miserables que atacan a las personas, difamándolas e insultándolas, en vez de debatir las ideas con argumentos. Para empezar, debemos llamar a cada cosa por su nombre, y a estos intolerantes que difaman y amedrentan como se merece: miserables fascistas. 

Por qué debe dimitir Ana Mato

En un momento como el actual, cuando el ciudadano ha perdido la confianza en los partidos políticos, quienes constituyen estas formaciones deben dar pasos inequívocos hacia la regeneración política y civil. No es tanto una cuestión de probar los hechos como de responder a la demanda de una sociedad que está cansada del mismo menú. La culpabilidad o no de la Ministra y sus responsabilidades en la trama Gürtel es algo que compete en exclusiva a los jueces. Así es y debe ser en un Estado de Derecho. Los juicios paralelos no son de mi gusto, e intento siempre mantenerme ajeno a las maniobras que buscan pulsar resortes emocionales para enturbiar la política y sacar provecho.

No obstante, la situación que se ha creado en España, no responde únicamente a la existencia de juicios mediáticos. Haberlos, haylos. Sería injusto e hipócrita malintencionado no denunciarlos. Pero qué duda cabe que, también, existe un desafecto social hacia la política que no se basa sólo en denuncias, brunetes mediáticas, sospechas e infamias. Existe una clara y rotunda exigencia a los políticos de una democracia más participativa. O dicho de otra manera: que se gobierno teniendo en cuenta la opinión de la sociedad en cada momento.

Por supuesto, la opinión de la sociedad puede ser muy voluble; y gobernar pensando sólo en las encuestas de opinión un grave error que pondría en peligro nuestro futuro. Para eso está la capacidad pedagógica de los políticos y los medios de comunicación. Y sobre todo, la sensibilidad y el sentido común suficiente para discernir lo que puede ser una moda transitoria de una tendencia social inequívoca. Como ejemplo, podemos poner el veto a la ILP que pide la dación en pago y la admisión de una ILP – con menos apoyo – a favor de la tauromaquia. La primera responde a una exigencia en auge de la sociedad, que quiere cambios profundos en la Ley Hipotecaria. La segunda, a la defensa numantina de una costumbre cruel a la que la sociedad da la espalda, como se pone de manifiesto en el descenso de corridas de toros y de espectadores de este tipo de eventos.

Igual ocurre con la Ley Electoral, que la sociedad lleva exigiendo que sea modificada dos décadas, pero que los partidos mayoritarios se han negado a discutir. O con los indultos, que precisa de una regulación para que no quede al arbitrio de los gobiernos; con la necesidad de transparencia de los perceptores de fondos públicos; y la democratización interna de los partidos.

Ante tantas y tantas pruebas de abuso de poder por parte de las élites de los partidos, que han desoído en demasiadas ocasiones a la sociedad, se deben acometer acciones que renueven la confianza de los ciudadanos. Esto implica un cambio profundo de actitud, y también guiños que trasmitan esa voluntad de cambio que todos exigimos. Ana Mato, dimitiendo, haría el mejor servicio a España. Demostraría que sí se puede, y sobre todo, que los partidos políticos están dispuestos a cambiar para renovar el pacto de representación con los ciudadanos. Un consenso tácito que, si se rompe, enrarecerá aún más la vida pública en nuestro país.

Los dos partidos más grandes de Europa eran el Partido Comunista italiano y la Democracia Cristiana de Italia. Se hundieron, y dieron lugar a una pléyade de partidos que defienden intereses muy particulares. Es el llamado “proceso de italianización” que ya vive Grecia y que puede terminar implicando a España. Si el PP y el Psoe no son capaces de reconocer sus errores, remodelar sus élites, gobernar y legislar con un ojo en el futuro y otro en la sociedad,  no se reconcilian con la clase media (cada vez más cabreada y asqueada de cuanto ocurre en el país), y no dejan espacio para que terceras fuerzas políticas condicionen de manera responsable las mayorías absolutas, se hundirán. Lo peor es que en ese naufragio arrastrarán al sistema mismo de partidos, que se fragmentará en decenas de formaciones  pequeñas, fácilmente manipulables por unos pocos, y que convertirán el Parlamento en un mercadillo de intereses.

Las encuestan aseguran que, de celebrarse hoy los comicios, el PP obtendría un 35% de votos y el Psoe un 30%. Incluso con la injusta ley electoral vigente, los juegos de alianzas y coaliciones para gobernar serían un verdadero sudoku, un cubo de Rubick difícil de componer. Algo que no es bueno para el país, pues tan terrible es este bipartidismo asfixiante como una excesiva fragmentación del voto.

Ana Mato puede ayudar a involucionar este proceso siniestro con su dimisión. Demostraría que el PP está dispuesto a escuchar a la sociedad en su clamor (3 de cada 4 españoles quieren que dimita o la cesen). Daría también la oportunidad a Rajoy de remodelar su gobierno y virar en sus políticas, inaugurando un nuevo escenario político que garantice el crecimiento económico y la recuperación de la confianza de los ciudadanos. 

Derechos, animales y animaladas.

14/02/2013 1 comentario

En coherencia con mi idea de la democracia, soy de quienes creen que una ILP que reúne las firmas suficientes debe ser debatida en las Cortes, pues no es otra cosa que la sociedad instando a los políticos a la toma de posición sobre un debate social o cuestión que preocupa los ciudadanos.  Por eso estoy y estaba de acuerdo con la admisión a trámite de la ILP a favor de la dación en pago (la cual apoyo), y a favor también de la tramitación de la ILP que instan al gobierno a declarar la tauromaquia Bien de Interés Cultural (iniciativa a la que me opongo de manera radical). Hasta aquí, nada que objetar a la decisión de UPyD. Pero al escuchar el discurso del diputado Toni Cantó, no pude más que sentir repugnancia e indignación. Un sentimiento que crece al paso de las horas cuando veo que, ante la oleada de críticas, hay quienes intentan dar la vuelta a su discurso pretendiendo justificar lo inadmisible.

El discurso del señor Cantó  se centró en una pregunta: ¿tienen o no tienen los animales derechos? Y argumenta, citando a Fernando Savater,  <<En principio, y estrictamente hablando, los animales no tendrían derechos a la par que tampoco obligaciones ya que al carecer de libre albedrío y capacidad de decisión, no podríamos considerarlos sujetos éticos capaces de discernir entre el bien y el mal>>.  Continua afirmando que <<la capacidad de sufrimiento de y la percepción de dolor establece una continua entre animales racionales y animales irracionales (…) que nos obligaría a considerar sus padecimientos y a velar por su bienestar>>.

Soltadas estas píldoras, que saben a aquello de tirar la piedra y esconder la mano. Se despacha a gusto con quienes consideran que son unos hipócritas porque, según él, están en contra de la tauromaquia pero no dicen nada del sufrimiento de otros animales que a diario sufren en los mataderos.

Por último concluía, en otro alarde de retórica, que<<ni los toros ni el resto de los animales tienen dos de los que son nuestros derechos fundamentales, el derecho a la libertad (…) y el derecho a la vida>>.

Cada cual puede tener el filósofo de cabecera que se le antoje. Él prefiere a Savater, bien, está en su derecho; que se lo quede. Citemos a Schopenhauer <<La supuesta ausencia de derechos de animales, la zoantropía que nuestra actuación hacia ellos no tiene relevancia moral o como se dice en el lenguaje ético no hay deber frente a la criatura es una de las barbaridades de occidente cuyo origen está en el Judaísmo>>.  Jeremy Bentham, filósofo y abogado, considerado el padre del utilitarismo, también postuló que los animales, por su capacidad de sentir agonía y sufrimiento,  con independencia de no tener la capacidad de diferenciar entre bien y mal deben tener derechos fundamentales como el derecho a la vida y a su seguridad, y a estar libre de la tortura y de la esclavitud. Pero mucho antes de estas disquisiciones filosóficas, ya se habían aprobado leyes a favor de los derechos de los animales en toda Europa, a destacar la ley irlandesa de 1635 o las aprobadas bajo el gobierno de Cromwell entre 1653 y 1659 en Inglaterra. Leyes que, por cierto, no nacieron de la nada, pues ya en la compilación de Justiniano I se reconocía el derecho de los animales. Textualmente <<El derecho natural es aquello que es dado a cada ser vivo y que no es propio del ser humano>>.

Encontramos aquí el abismo que separa ambos pensamientos, a favor y en contra de los derechos de los animales: la aceptación o no derecho natural o iusnaturalismo. Sin duda, esta es una escuela en declive, se imponen las visiones positivistas y contractuales. De hecho, el propio discurso de Cantó nos lo indica: no tienen derecho porque no pueden tener obligaciones, no podemos tener contrato con ellos, no forman parte del contrato social. ¿Pero es esta una posición sostenible?

Reducir el sujeto de Derecho a únicamente aquel que puede ofrecer algún tipo de reciprocidad supone considerar los derechos como bienes jurídicos adquiribles en tanto la capacidad de responder a una obligación inherente al propio derecho. Posición que considero tan injusta como malintencionada. Pues trata de confundir lo que es – o puede ser considerado – un derecho de ciudadanía, el cual sí debe estar resuelto en virtud del contrato social, de un derecho fundamental, que nace de la propia naturaleza del ser vivo (no exclusivamente el ser humano), el cual estaba ya recogido en el Corpus iuris civilis del siglo VI.

El debate, es cierto, lleva milenios abierto, y no pretendo ser yo quien le ponga fecha de caducidad. Soy iusnaturalista, y para mi, con Tomás de Aquino, <<ley que no se ajusta a la ley natural, no es ley, sino corrupción de la ley>>.  Y si estoy equivocado, prefiero responder de mi error que aceptar que el Derecho se base en la capacidad contractual de las partes.

Inadmisible es también su ataque contra los antitaurinos. Considerar que son hipócritas porque no cuestionan también otra formas de crueldad hacia los animales es un argumento ad hominem que demuestra la falta argumental de quien lo usa y su desconocimiento de la lucha animalista. De hecho, los veganos son la columna vertebral de este movimiento, y tanto reivindican el fin de los espectáculos taurinos como el uso de los animales en circos, zoos, experimentación y consumo humano. En cualquier caso, incluso asumiendo la contradicción – hipocresía se quiere – de algunos antitaurinos, esto no resta ningún valor a sus argumentos. La verdad no depende de quien la defienda. Si luce el sol sobre nuestras cabezas es de día, aunque quien nos lo diga sea un embustero patológico, que no es el caso, pues la solvencia intelectual y moral de la mayoría de los animalistas está fuera de toda duda.

Por último, el señor Cantó culmina su intervención asegurando que los animales no tienen derechos de vida ni libertad. Recordemos que en 1977, la ONU aprobó la Declaración Universal de los Derechos de los Animales, en cuyo artículo 1 se lee: <<Todos los animales nacen iguales ante la vida y tienen los mismos derechos a la existencia>>;  en su artículo 4 a)<<Todo animal perteneciente a una especia salvaje tiene derecho a vivir libre en su propio ambiente natural, terrestre, aéreo o acuático y a reproducirse>>; en su artículo 4 b) <<Toda privación de libertad, incluso aquella que tenga fines educativos, es contraria a este derecho>> . Estamos hablando de algo que se llama Derecho Internacional, el cual, el señor Cantó, en su intervención, está poniendo en duda. Parece que no ve más que la paja en el ojo ajeno, cuando acusa de hipócrita a los antitaurinos, mientras que él coge del Derecho Internacional sólo lo que le interesa.

 

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