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Posts Tagged ‘ecología’

8 falacias sobre los toros

1. El toro no sufre.

Como mamífero desarrollado posee un complejo sistema nervioso. Sufre dolor y estrés durante su tortura. Las banderillas están diseñadas para desgarrar la carne y causar lesiones graves en los tejidos internos. Estas heridas, al estar próximas a la espina dorsal, le impiden levantar la cabeza. El mismo fin busca el picador a caballo, que entra al comienzo de la lidia para acosar, castigar y causar heridas que hagan imposible la defensa del animal.

La espada no mata al toro, sino que le provoca graves heridas, que son la causa de una hemorragia interna que ahoga al toro. El toro no muere por la acción directa de la espada, sino ahogado en su propia sangre por las heridas que esta le causa.

La puntilla tampoco acaba con la vida del toro. Se clava entre las vértebras atlas y axís, dejándolo inmovilizado (tetrapléjico), pero en la mayoría de los casos, el toro continua vivo cuando lo arrastran al desolladero.

2. Sin las corridas de toros los toros no existirían.

Falso y absurdo. El toro posee valor como biotipo ambiental, forma parte del ecosistema y cumple sus funciones en la cadena trófica, su existencia nunca ha dependido del hombre; no así su exterminio, el cual si es responsabilidad del hombre.

No existe ninguna diferencia entre un toro de lidia y otro que no lo sea, pertenecen a la misma especie y subespecie: Bos Primiginious Taurus.

3. El toro es peligroso y agresivo.

Al contrario, los ganaderos han intentado seleccionar a los especímenes con la intención de potenciar la agresividad. El toro animal herbívoro, de carácter manso y tranquilo, que ante una amenaza prefiere huir. Sólo actúan con agresividad cuando se ven acosados, azuzado y herido lucha por intentar sobrevivir.

4.Toro y torero se enfrentan en un duelo justo.

No existe ninguna justicia en el enfrentamiento entre el toro y el torero, que con su inteligencia y premeditación despliega innumerables medios para acabar de manera cruel con la vida del toro.

Al ser el toro un rumiante manso, más proclive a huir que a defenderse, antes de salir a la plaza se le suele golpear en riñones y testículos para provocarle y debilitarle. Se le somete al arpón de la divisa, y ya en la plaza, la garrocha del picador y las banderillas. Sólo después de esta larguísima tortura, el torero se enfrenta a un animal asustado y ya gravísimamente herido.  

En muchas ocasiones, además, se ha sabido que el toro era drogado y sus astas limados para que sean roma.

5. Reciben un trato digno durante su crianza.

Otra de las frecuentes mentiras de los taurófilos. Los ganaderos atormentan a los toros para exacerbar el carácter agresivo e identificar a los ejemplares más proclives a la lidia, alterando su equilibrio psicológico natural.

6. Se trata de una Tradición Española.

Ni lo uno ni lo otro. Los festejos con toros y su sacrificio datan de la época grecorromana, y se originaron en las regiones más orientales del mediterráneo. Durante la Edad Media fueron muy populares en toda Europa. Fue la Ilustración la que acabó con ellas. En España, debido a la debilidad de nuestra Ilustración, y a la restauración de Fernando VII, la fiesta logró perdurar. La fiesta había estado prohibida hasta la Guerra de la Independencia, época en la que José Bonaparte intenta ganarse al pueblo con estos festejos, prohibidos desde Carlos III. Fernando VII, el felón, al llegar al poder y abolir la Constitución de Cádiz, restaura la inquisición y los toros.

7. La mayoría de la sociedad española apoya los toros.

Falso, desde el 2007, el número de festejos se ha reducido un 30% por falta de espectadores. En las últimas encuestas, el 69% de los españoles era contrario o indiferente a estos festejos.

8. Genera Dinero.

Mentira y de las gordas. El sector taurino está en crisis. Sin las ayudas que reciben de las administraciones públicas se hundirían. Sólo sobrevive gracias a dos cosas: multimillonarios contratos suscritos por los ayuntamientos, que arrojan monumentales pérdidas a las arcas públicas; y las subvenciones. De hecho, este sector está, proporcionalmente, más beneficiado que la minería o el sector vinícola.

 

 

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Algunas cosas que nadie dice sobre las corridas de toros

La negación del diputado Cantó de los derechos de los animales a generado una oleada de críticas; tantas como de entusiastas adhesiones, muchas de ellas basándose en los argumentos archiconocidos de Savater y Vargas Llosa. Ambos taurófilos, defienden sus posiciones desde la retórica aseverativa desde el contractualismo y el racionalismo. Olvidan que, por más que a ellos les disguste, ninguna de sus posiciones filosóficas deja de estar sujetas a la crítica. Incluso la negación de Kant del noúmeno es magistralmente refutada por uno de sus discípulos: Schopenhauer. Pero no nos adentremos en la disquisición filosófica, pues esta lleva en riña desde hace tres mil años y nada apunta que vaya a lograrse ningún avance. La realidad es que los filósofos morales  discrepan profundamente del estatus ético de los animales no humanos, pero ninguno, o muy pocos, sostienen que no tengamos ninguna obligación de respeto mínimo (1). Es decir, aunque no se ponen de acuerdo en la existencia o no de los derechos de los animales (lo cual no es sorprendente, pues hay también desacuerdo en relación a la misma cuestión sobre los Derechos Humanos), existe amplio consenso en considerar reprobable el maltrato animal. En este sentido, en 1999 EE.UU. aprobó leyes que prohíben la creación, venta o posesión de de material gráfico que muestre crueldad hacia los animales (2). Esta legislación está en la línea de la inmensa mayoría de los países más desarrollados, que prohíben cualquier forma de crueldad innecesaria hacia los animales, su reproducción gráfica y la obtención de beneficios económicos con el maltrato a los animales.

Sin embargo, en España, se sigue amparando legalmente la tortura – y su exhibición con fines de lucro – de los toros. Se justifican, básicamente en retorcidas interpretaciones filosóficas y en premisas falsas o intencionadamente parciales. Por ejemplo, se dice que se trata de la “fiesta nacional”, defendiendo que las corridas de toros forman parte de la identidad de España. Esto no es cierto en modo alguno. Corridas de toros se celebran hasta en China, y en muchos países como Ecuador o Venezuela, la pasión por la tauromaquia es mucho mayor que aquí, donde la sociedad (en más de un 70%, según las encuestas) le dan la espalda mostrándose contraria o indiferente ante el linchamiento de un animal en la plaza.

Se pretende, de manera soez y malintencionada, hacer ver que las corridas de toros son “typical hispanish”. Lo cierto es que los espectáculos taurinos tienen su origen en la cultura grecorromana, y nacieron al otro lado del mediterráneo. Durante la Edad Media fueron festejos muy populares en toda Europa, solo que la Ilustración fue logrando poner coto a estos espectáculos crueles. De hecho, existían múltiples formas de lucha taurina, algunas incluso empleaban a otros animales, como los bull-baitings inglesas, prohibidas a partir de 1824. La Iglesia, en múltiples ocasiones intentó poner freno a estos espectáculos brutales que, desde su perspectiva, significaba también la continuación de ritos paganos que detestaban. Así, en Pío V prohibió estos espectáculos bajo pena de excomunión en Salute Gregis (1567). La actual posición de la Iglesia Católica es la de considerar las corridas de toros como espectáculos “poco edificantes”.

Reyes como Felipe V y Felipe VI lucharon por erradicar esta costumbre, prohibiendo el uso de caballos en las corridas y prohibiendo el lucro en las mismas. Algo que ya había hecho, en sus tiempos, Alfonso X, el Sabio. Jovellanos, el gran ilustrado español, fue uno de los más fieros detractores de las corridas de toros, a las que consideraba espectáculos poco didácticos. Más 

tarde,  Carlos III, siguiendo los consejos del Conde de Aranda, prohibió definitivamente esta práctica. Fue con la llegada de Bonaparte, en un intento de ganarse al pueblo, que se levanta la prohibición. La restauración posterior del brutal Fernando VII será determinante para su retorno. Este rey, el mismo que reinstauró la Inquisición, financió y potenció estos espectáculos taurinos, redefiniéndolos para el culto y la idolatría a su propia persona.

En la actualidad, la sociedad española ha dado la espalada a unos espectáculos que considera salvajes, propios de épocas de barbarie, residuos de un pasado en blanco y negro al que nadie desea volver. La defensa de las corridas de toros, cuya continuidad se ha debido sólo a la debilidad de la Ilustración Española, nos aleja de Europa y del mundo, anclándonos en un pasado de violencia y falta absoluta de respeto hacia la naturaleza y a nuestra propia dignidad humana, pues el hombre se define en cómo trata a quienes son más débiles que él.

 (1)    De toros y argumentos. Artículo publicado en el País el 10 de agosto de 2010. Firmantes: Pablo de Lora, profesor titular de Filosofía del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid; José Luis Martí, profesor titular de Filosofía del Derecho de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, y Félix Ovejero, profesor titular de Ética y Economía de la Universidad de Barcelona.

(2)    Idem. 

Derechos, animales y animaladas.

14/02/2013 1 comentario

En coherencia con mi idea de la democracia, soy de quienes creen que una ILP que reúne las firmas suficientes debe ser debatida en las Cortes, pues no es otra cosa que la sociedad instando a los políticos a la toma de posición sobre un debate social o cuestión que preocupa los ciudadanos.  Por eso estoy y estaba de acuerdo con la admisión a trámite de la ILP a favor de la dación en pago (la cual apoyo), y a favor también de la tramitación de la ILP que instan al gobierno a declarar la tauromaquia Bien de Interés Cultural (iniciativa a la que me opongo de manera radical). Hasta aquí, nada que objetar a la decisión de UPyD. Pero al escuchar el discurso del diputado Toni Cantó, no pude más que sentir repugnancia e indignación. Un sentimiento que crece al paso de las horas cuando veo que, ante la oleada de críticas, hay quienes intentan dar la vuelta a su discurso pretendiendo justificar lo inadmisible.

El discurso del señor Cantó  se centró en una pregunta: ¿tienen o no tienen los animales derechos? Y argumenta, citando a Fernando Savater,  <<En principio, y estrictamente hablando, los animales no tendrían derechos a la par que tampoco obligaciones ya que al carecer de libre albedrío y capacidad de decisión, no podríamos considerarlos sujetos éticos capaces de discernir entre el bien y el mal>>.  Continua afirmando que <<la capacidad de sufrimiento de y la percepción de dolor establece una continua entre animales racionales y animales irracionales (…) que nos obligaría a considerar sus padecimientos y a velar por su bienestar>>.

Soltadas estas píldoras, que saben a aquello de tirar la piedra y esconder la mano. Se despacha a gusto con quienes consideran que son unos hipócritas porque, según él, están en contra de la tauromaquia pero no dicen nada del sufrimiento de otros animales que a diario sufren en los mataderos.

Por último concluía, en otro alarde de retórica, que<<ni los toros ni el resto de los animales tienen dos de los que son nuestros derechos fundamentales, el derecho a la libertad (…) y el derecho a la vida>>.

Cada cual puede tener el filósofo de cabecera que se le antoje. Él prefiere a Savater, bien, está en su derecho; que se lo quede. Citemos a Schopenhauer <<La supuesta ausencia de derechos de animales, la zoantropía que nuestra actuación hacia ellos no tiene relevancia moral o como se dice en el lenguaje ético no hay deber frente a la criatura es una de las barbaridades de occidente cuyo origen está en el Judaísmo>>.  Jeremy Bentham, filósofo y abogado, considerado el padre del utilitarismo, también postuló que los animales, por su capacidad de sentir agonía y sufrimiento,  con independencia de no tener la capacidad de diferenciar entre bien y mal deben tener derechos fundamentales como el derecho a la vida y a su seguridad, y a estar libre de la tortura y de la esclavitud. Pero mucho antes de estas disquisiciones filosóficas, ya se habían aprobado leyes a favor de los derechos de los animales en toda Europa, a destacar la ley irlandesa de 1635 o las aprobadas bajo el gobierno de Cromwell entre 1653 y 1659 en Inglaterra. Leyes que, por cierto, no nacieron de la nada, pues ya en la compilación de Justiniano I se reconocía el derecho de los animales. Textualmente <<El derecho natural es aquello que es dado a cada ser vivo y que no es propio del ser humano>>.

Encontramos aquí el abismo que separa ambos pensamientos, a favor y en contra de los derechos de los animales: la aceptación o no derecho natural o iusnaturalismo. Sin duda, esta es una escuela en declive, se imponen las visiones positivistas y contractuales. De hecho, el propio discurso de Cantó nos lo indica: no tienen derecho porque no pueden tener obligaciones, no podemos tener contrato con ellos, no forman parte del contrato social. ¿Pero es esta una posición sostenible?

Reducir el sujeto de Derecho a únicamente aquel que puede ofrecer algún tipo de reciprocidad supone considerar los derechos como bienes jurídicos adquiribles en tanto la capacidad de responder a una obligación inherente al propio derecho. Posición que considero tan injusta como malintencionada. Pues trata de confundir lo que es – o puede ser considerado – un derecho de ciudadanía, el cual sí debe estar resuelto en virtud del contrato social, de un derecho fundamental, que nace de la propia naturaleza del ser vivo (no exclusivamente el ser humano), el cual estaba ya recogido en el Corpus iuris civilis del siglo VI.

El debate, es cierto, lleva milenios abierto, y no pretendo ser yo quien le ponga fecha de caducidad. Soy iusnaturalista, y para mi, con Tomás de Aquino, <<ley que no se ajusta a la ley natural, no es ley, sino corrupción de la ley>>.  Y si estoy equivocado, prefiero responder de mi error que aceptar que el Derecho se base en la capacidad contractual de las partes.

Inadmisible es también su ataque contra los antitaurinos. Considerar que son hipócritas porque no cuestionan también otra formas de crueldad hacia los animales es un argumento ad hominem que demuestra la falta argumental de quien lo usa y su desconocimiento de la lucha animalista. De hecho, los veganos son la columna vertebral de este movimiento, y tanto reivindican el fin de los espectáculos taurinos como el uso de los animales en circos, zoos, experimentación y consumo humano. En cualquier caso, incluso asumiendo la contradicción – hipocresía se quiere – de algunos antitaurinos, esto no resta ningún valor a sus argumentos. La verdad no depende de quien la defienda. Si luce el sol sobre nuestras cabezas es de día, aunque quien nos lo diga sea un embustero patológico, que no es el caso, pues la solvencia intelectual y moral de la mayoría de los animalistas está fuera de toda duda.

Por último, el señor Cantó culmina su intervención asegurando que los animales no tienen derechos de vida ni libertad. Recordemos que en 1977, la ONU aprobó la Declaración Universal de los Derechos de los Animales, en cuyo artículo 1 se lee: <<Todos los animales nacen iguales ante la vida y tienen los mismos derechos a la existencia>>;  en su artículo 4 a)<<Todo animal perteneciente a una especia salvaje tiene derecho a vivir libre en su propio ambiente natural, terrestre, aéreo o acuático y a reproducirse>>; en su artículo 4 b) <<Toda privación de libertad, incluso aquella que tenga fines educativos, es contraria a este derecho>> . Estamos hablando de algo que se llama Derecho Internacional, el cual, el señor Cantó, en su intervención, está poniendo en duda. Parece que no ve más que la paja en el ojo ajeno, cuando acusa de hipócrita a los antitaurinos, mientras que él coge del Derecho Internacional sólo lo que le interesa.

 

Fukushima: error humano

06/07/2012 7 comentarios

La comisión de investigación creada a instancias del Parlamento de Japón ha publicado su informe de 641 páginas sobre el desastre de la Central Nuclear de Fukushima. Sería absurdo y morboso entrar en los detalles. El informe es demoledor. La cadena de fallos no directamente achacable el terremoto y tsunami que asoló las costas japonesas demuestra que el accidente nuclear no puede ser considerado como una catástrofe natural.

El informe afirma que la catástrofe <<pudo y debió haber sido evitada>>. El documento reconoce que el desastre fue, en gran parte, <<causado por el hombre>>. Y acusa directamente a la empresa TEPCO de no haber hecho lo suficiente para <<proteger a las personas>>.

Según los organismos consultados para la elaboración de este informe, la empresa y las autoridades conocían las consecuencias de un tsunami en la central desde el 2006. Nadie hizo nada. Se reconoce, también, que algunos afectados por el tsunami fueron evacuados hacia zonas de alta concentración de radiación.

En general, el documento, elaborado por un grupo de técnicos independientes entre los que se encuentra el conocido premio nobel de química Koichi Tanaka, corrobora las denuncias de colectivos ecologistas de todo el mundo.

Depurar las responsabilidades corresponde ahora a la sociedad japonesa y sus instituciones. Y no me cabe la menor duda de que lo harán. Sin embargo, hay una lección que todos podemos sacar de lo sucedido en Fukushima: la energía nuclear no compensa.

Podrán argumentar cuanto quieran. Pero los errores humanos son inevitables. Sólo un modelo energético seguro y respetuoso con el medio ambiente puede evitar que lo sucedido en Japón ocurra también, tarde o temprano, en cualquier otro lugar del mundo.

Si persistimos en modelos de desarrollo basados en la depredación de los recursos naturales y las energías peligrosas y contaminantes, estaremos cavando cada vez más profunda y más honda nuestra propia fosa. Debemos exigir a los gobiernos coraje para transformar los modelos de desarrollo ineficientes en modelos sostenibles capaces de garantizar el bienestar y la seguridad de todos. Y esto no es cuestión te ideologías; es cuestión de sentido común.

Pirómanos

03/07/2012 4 comentarios

Arde media España, y sólo acabamos de iniciar el verano. Año tras año, verano tras verano, sufrimos la merma de nuestro patrimonio ambiental a manos del fuego. ¿Se puede evitar o son los fuegos parte de un inalterable destino? Soy de quienes piensa que el camino se hace al andar, así que no suelo dar crédito a las profecías ni a quienes hablan de lo inevitable como si ellos mismos hubiesen explorado las distintas opciones. Lo que no me cabe duda, sin embargo, es que cada uno recoge lo que siembra. Cierto que en ocasiones es el clima quien arruina las cosechas, hay parte de azar en esta perra vida que nos toca luchar cada mañana. Pero si uno no siembra es seguro que nada recoge, da igual la plaga con la que toque lidiar este año.

Asumir el fuego como una realidad inevitable es comportarse como el agricultor estúpido, que por culpa de una mala cosecha, decide no volver a cultivar jamás la tierra. Imagine que un ganadero, que al comprobar que una de sus reses está enferma, decide que ha llegado el momento de matar a todas. Pues así es como nos comportamos en relación a la naturaleza, y más en concreto con el problema de los incendios forestales.

Los fuegos se apagan en invierno. Si, en invierno. Con silvicultura y cuidado del monte. Con la vigilancia necesaria y la gestión preventiva. Con leyes que se cumplan. Y castigos duros: quien practique quemas incontroladas de rastrojos debe sufrir todo el peso de la ley. O sea, al trullo con él y embargo de propiedades y rentas.

Las redes sociales claman contra los responsables políticos que han permitido que Valencia vea arder su pulmón verde. Pero poco o nada hicieron para evitar que esto llegase a ocurrir. El problema es que llevamos décadas mirando para otro lado, confiando en que sean otros quienes asuman la responsabilidad y pongan la cara. Nadie se ha preocupado en España por exigir a los gobiernos un plan de recolonización de las áreas rurales, por plantear recuperar el monte y los bosques como fuente de riqueza, y castigar con la dureza que merece a todo aquel que crea que el campo es su estercolero privado.

Basta dar una vuelta por las zonas frecuentadas por domingueros, para observar la inmundicia que los urbanitas pijos dejan a su paso en los merenderos campestres. ¡Cuánto podríamos recaudar si a cada imbécil gorrino que tira un papel en el bosque le clavamos una multa de mil euros! Que me paso veinte pueblos. Si, los veinte pueblos que ahora corren peligro por culpa del fuego.

Muerte del “Solitario George”

La última tortuga gigante de las Islas Galápagos, en Ecuador, ha fallecido por una insuficiencia cardíaca. La lenta agonía de esta especie emblemática se debió a la caza indiscriminada durante buena parte del siglo XX y sobre todo a la destrucción de sus ecosistemas. La sociedad llegó tarde al reto de acabar con la caza y el comercio furtivo de estas tortugas gigantes, y no hizo lo suficiente para evitar la degradación de los ecosistemas donde habitaba.

Pocos días después del fracaso de la cumbre Río +20, la muerte de la última tortuga gigante, conocida como el “solitario George”, nos recuerda que la fragilidad de la vida y la necesidad de actuar para salvar nuestro planeta.

Un estudio realizado en 1998 por 400 biólogos del Museo Americano de Historia Natural, advertía de la destrucción de una quinta parte de todas las especies viva para el 2028. Cien años después, la biodiversidad del planeta se reducirá en un 50%.

Ya no podemos hacer nada para salvar a George y a las tortugas gigantes, pero aún millones de especies esperan que el hombre comprenda que forma parte de la naturaleza y tiene la obligación moral – y la necesidad biológica – de preservar el medio ambiente y la biodiversidad por encima de cualquier otra consideración.

Hoy, más que nunca, debemos recordar la vieja Profecía India:

<<Sólo después que el último árbol sea talado. Sólo después que el último río sea envenenado. Sólo después que el último pez sea apresado. Sólo entonces el hombre comprenderá que el dinero no se come>>.

“Solitario George”

Rajoy quiere acabar con todo, también con el reciclado

La modificación de la Ley de Residuos y Suelos Contaminados introducida en el último consejo de Ministros es una de esas decisiones que no suelen salir en la prensa, pero cuyas consecuencias, tanto en términos económicos como sociales y ambientales, son de primer orden.

La decisión de Rajoy y los suyos acaba con el sistema de gestión de envases seguido hasta el momento. El conocido como SDDR, Sistema de Depósito, Devolución y Retorno, recibe un golpe mortal.

El modelo de Devolución y Retorno, sin ser perfecto, era bastante barato y además generaba un número significativo de empleos. Amén de reducir el número de envases que terminan en los basureros.

Rajoy ha decidido, sin dar ninguna explicación, como viene siendo costumbre, que más de 51 millones de envases diarios acaben en nuestros estercoleros. Envases que terminarán causando graves daños a los ecosistemas. De paso, se destruirán miles de empleos verdes.

Y luego dirán que lo hacen por nuestro bien. Pues tanto amor nos está matado.

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