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Los intelectuales del Reich vuelven a la carga

04/03/2013 1 comentario

Hans- Werner Sinn es a la economía lo que Dan Brown a la literatura. Su popularidad y reconocimiento público no va a la zaga de sus aportaciones económicas. En realidad, nunca ha hecho una sola aportación económica importante. Toda su carrera profesional se ha basado en el autobombo y la polémica para captar la atención mediática.

Su cuidada imagen, con barba a lo capitán Ahab – e igual de trastornado, dogmático y fanático que él personaje de Moby Dick –, le ayudó a lograr el protagonismo necesario para vender sus libros como rosquillas y ganarse un puesto entre los gurús alemanes de las finanzas. ¿Cuál era su mensaje? Uno sencillo, directo y fácil de entender: <<Dentro de unos años, nuestros hijos se verán obligados a ir al Sur de Europa a recuperar nuestro dinero>>. Un lema que pronto se convirtió en el lema de la derecha alemana e inauguró la política exterior y económica del cuarto Reich. Igual que antes se acusaba a los judíos o los gitanos de los males que sufría la Gran Alemania; ahora se busca en los países mediterráneos a los chivos expiatorios sobre los que intentar levantar un nuevo Reich de los mil años.

La cosa no pasaría de anécdota de no ser porque Hans- Werner Sinn es el economista de cabecera de Merkel y una de las figuras más populares de Alemania. Su mensaje ha calado en la sociedad germana hasta límites insospechados. Hoy en día, es difícil encontrar a un solo alemán que no crea que el mayor riesgo para Alemania sea el supuesto despilfarro de los países del sur. Países en los que, por otra parte, sus castas políticas han reaccionado demasiado tarde a la agresión continua. No olvidemos que la manera habitual de referirse a nosotros es la de PIGS, cerdos en inglés. Una expresión que da muestra de las bases ideológicas últimas que sustentan las corrientes de austeridad promulgadas por los alemanes.

Ahora que cada vez hay más voces críticas en el seno de la UE, este grupo de intelectuales del Reich económico de Alemania vuelve a la carga, esta vez para asegurar que España aún debe sufrir diez años de crisis y austeridad, como mínimo, hasta lograr una devaluación interna cercana al 30%. Pero aquí no ha de quedar la cosa, porque algunos países, como Grecia y Portugal deberán marcharse del euro. Y continúan: Francia, objetivo final del Reich, también deberá sufrir una devaluación interna del 20% en un periodo de tiempo similar. Y mientras todo esto ocurre en los países no germanos, Alemania y el resto de los arios, como Austria, deberán procurar una expansión cercana al 20%. Dicho de otro modo, se trata de situar la economía de los países no germanos en una proporción de ½ frente a la germana. Se trata de reducir nuestro PIB a la par que crece el de Alemania a fin de lograr que nuestros costes equivalgan al 50% de los costes alemanes y ellos aumentar un mínimo de un 20% su poder adquisitivo.

La cuestión importante es, pues, cuando vamos a pasar de una puñetera vez a la ofensiva y vamos a plantarnos para evitar que logren, mediante el uso de las políticas económicas aquello que no lograron con los tanques: una Europa bajo el yugo germano. Y es que esto no es una crisis; es una guerra por el control del viejo continente y la creación de una masa amplia de ciudadanos de segunda clase, sin derechos sociales, laborales ni sanitarios

De europeístas a euroescépticos

Los españoles nos caracterizamos en las últimas décadas por un fuerte, emotivo y creciente europeísmo. Sin embargo, esta tendencia comienza a torcerse en el sentido contrario. Poco a poco, los españoles comenzamos a ser euroescépticos, a desear ser menos europeos y a sentir un creciente desapego al euro.

Tras siglos viviendo de espaldas a Europa, sin implicarnos de manera directa en la Primera ni en la Segunda Guerra Mundial, los españoles ansiábamos rencontrarnos con nuestras raíces. Deseábamos a cualquier precio recuperar la hermandad que siempre nos unió con el resto de Europa. Las guerras de religión y el fracaso de la ilustración nos distanciaron de aquellos con quienes incluso habíamos compartido corona.

España no había vivido una verdadera revolución industrial, los conflictos internos nos debilitaron hasta convertirnos en un país irrelevante en la escena internacional, y los cuarenta años de dictadura nos habían aislado del mundo. Aquí no hubo plan Marshall, ni pleno empleo, ni Estado del Bienestar. Pero habíamos salido adelante. Solos. A puro huevo.

Eso nos dio confianza. Sabíamos de la enorme brecha que nos separaba de los países más avanzados del viejo continente. Pero estábamos resueltos a superar esas diferencias con trabajo y esfuerzo.

Sin embargo, ahora que la Prima de Riesgo se sitúa en niveles próximos a los 600 puntos, cuando la financiación del Estado cuesta más de un 7,2% de intereses, el BCE gobernado por Alemania nos niega ningún tipo d ayuda. Tanto el gobierno como la oposición han solicitado una acción directa del BCE que estabilice el mercado; muchos socios europeos y nuestros aliados en todo el mundo también han secundado la petición. Pero el BCE, es decir, Alemania se niega.

Durante bastante tiempo, los españoles nos hemos callado ante los continuos agravios provocados por los países más ricos de Europa. Hemos hecho oídos sordos cuando nos llamaban PIGS (cerdos), en un curioso juego de acrónimos que solo a ellos hace gracia. Y hemos dejado que anden dándonos lecciones desde una arrogancia que olvida su propia historia.

Alemania ha olvidado que sin el perdón y la ayuda internacional no sería lo que hoy es. Pueden considerar que su esfuerzo y forma de vida es la causa de su éxito. Cada uno puede engañarse como quiera. La realidad es la que es, por mucho que no les guste: los alemanes son lo que son porque franceses, ingleses y americanos creyeron más en el futuro que en el pasado. Porque recibieron la ayuda internacional que precisaban, pudieron llegar a ser quienes son.

Nadie les pidió nada entonces. Nadie les impuso condiciones. Ahora andan ellos exigiéndoselas a los demás y negando a países como España el pan y la sal. ¡Que pronto olvidan algunos que un día fueron pobres y dependieron de los demás! Quizás nada nos tengan que agradecer a nosotros, pero tampoco nosotros a ellos.

España, como otros muchos países, ha hecho un esfuerzo descomunal para acercarse a Europa. Esfuerzo que parecen olvidar países como Alemania, Dinamarca o Noruega. Es verdad que recibimos ayuda en forma de fondos estructurales, pero siempre con condiciones, con carácter finalista y condicionadas a reformas en nuestro modelo social y económico. Unas ayudas que tuvieron un importantísimo retorno a países como Alemania.

La Unión Europea ha favorecido más las áreas más desarrolladas que a las de menos desarrollo económico. Alemania puso el dinero, y recibió mucho más dinero a cambio; el resto de cuanto ha sido necesario para el proyecto de la UE lo hemos puesto los demás. Ahora nos lazan a los lobos. Bien, va siendo hora de recuperar nuestro orgullo nacional y lidiar con esos lobos nosotros solos, experiencia nos sobra, h… también. Que se metan el euro y la UE donde les quepa. Con amigos así, mejor estar solo.

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