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Posts Tagged ‘pobreza’

El BCE está inactivo frente a la crisis

BCE-Crisis

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No lo digo yo, aunque bien saben que lo pienso, lo dice Arnaud Montebourg, ministro de Hollande al frente de la cartera de Recuperación Productiva. Y fue más lejos: << El BCE no se ocupa del crecimiento, no se ocupa de los parados, no se ocupa de la población europea>>. Es cierto que este ministro, conocido por su incontinencia verbal, es uno de los referentes mediáticos del ejecutivo de París y que sus declaraciones han de ser leídas en clave interna y no europea, pero es precisamente por esto por lo que resultan tan llamativas estas afirmaciones.

En Francia, cada vez es mayor la crítica hacia una UE gobernada por Alemania. Al frente de estas protestas están, sobre todo, los euroescépticos de siempre y la derecha de Le Pen, que incluso exige un referéndum para enero del 2014 sobre la continuidad de Francia en Europa. Sin embargo, el sentimiento de oposición a una Europa opaca y en manos de la todopoderosa Alemania cada vez es más hegemónico entre los franceses.

Algunos dirán que Francia siempre ha sido euroescéptica. Tienen razón, y tal como se están desarrollando los acontecimientos parece que tenían motivos sobrados para no desear una UE fuerte. Pero el hecho indiscutible es que, a medida que Europa cae en manos de Alemania, cada vez son más los europeos que reniegan de la Unión. Esta es la más grave de todas las consecuencias de las políticas austericidas que están impulsando desde Berlín: el fin del sueño europeo.

 

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Una sociedad desmoralizada

En la edición de hoy del País, se ha publicado algunos fragmentos de la presunta contabilidad oculta del Partido Popular. Nombres como María de Cospedal, Pío García Escudero, Javier Arenas, Jaime Mayor Oreja y hasta el propio Mariano Rajoy aparecen como perceptores de estos supuestos pagos en negro, cuyo origen estaría en las donaciones recibidas por empresarios de la construcción y grandes grupos inmobiliarios, según las fuentes del mencionado diario. Serán los jueces quienes resuelvan la autenticidad de los documentos, y en su caso, las responsabilidades penales. Pero el daño que se está haciendo a la sociedad, no hay quien lo resarza.

Cada día, nos despertamos esperando un nuevo frente, una peor noticia, un nuevo escándalo. Cuando no son las dramáticas cifras del paro, es la prima de riesgo, o la bolsa que se hunde, o el consumo que se debilita aún más, o un duque que quizás jamás debió serlo, o la contabilidad secreta de un partido, o un alcalde que estaba en nómina de la mafia rusa, o un acusado por delitos graves que chantajea a altas instancias del estado, o una escritora fantasma que cobra suculentos tres mil euros por artículo y traducción… un goteo de miserias y decisiones fracasadas que está ahogando a la sociedad en el oscuro pozo de la depresión.

Tanto el PP como el Psoe son responsables últimos de cuanto está sucediendo. Buscaron de manera premeditada una sociedad lisiada, que fuese fácil de gobernar, sin criterio social que se opusiera a su manera de gestionar lo público. Socavaron los pocos intentos de construir una sociedad civil fuerte. El resultado es el que hoy estamos conociendo: una sociedad amorfa, sin estructuras ni formas de participación, un país sin identidad y sin principios morales. En último término, una sociedad desmoralizada, resignada al fracaso y la mediocridad, expuesta a los daños y abusos de los políticos y el mercado.

España precisa de una rápida regeneración política, económica y social. Urge impulsar los cambios precisos para recuperar la confianza y el deseo de hacer cosas, de iniciar proyector; porque en este país, por quitarnos, nos han quitado hasta las ganas. Con miedo, tristeza, indignación y rabia nunca se ha llegado lejos; es demasiado peso para una sola mochila. Durante demasiado tiempo, para justificar decisiones oligárquicas, se ha metido el miedo a la sociedad con el despido barato, con una sanidad y educación que decían “no nos podemos permitir” o sembrando dudas sobre las pensiones. Poco a poco, han horadado  nuestro ánimo, arrinconándonos contra las cuerdas. Es hora que rectifiquen y favorezcan – o al menos no entorpezcan – un cambio regenerador. De lo contrario, el vaso de la indignación rebosará y las consecuencias no serán buenas para nadie.

 

 

 

ZP y Rajoy, vuestra bandera es la vergüenza

Mañana miércoles se celebrará el día grande de Cruz Roja, el día de la banderita, un evento con más de 100 años de historia. Es un día para la solidaridad, para el esfuerzo compartido a favor de quienes más lo necesitan, el momento idóneo para apoyar la extraordinaria labor que lleva a cabo Cruz Roja en todo el mundo. Pero la celebración de mañana será especial. Por primera vez en su historia, Cruz Roja hará un llamamiento para recaudar fondos contra la pobreza en España.

Este año, lo que se recaude en el día de la banderita no irá destinado a Haití, o a ningún país que haya sufrido un desastre natural o una guerra. Se quedará aquí, en nuestros barrios, atendiendo a los damnificados por la crisis.

Este año, me sentiré más orgulloso que nunca de lucir la banderita en la solapa. ZP y Rajoy la lucen a diario, pero la suya es la de la vergüenza. Esto es lo que han hecho con España: que por primera vez desde la guerra civil, no seamos los que ayudan sino los ayudados.

http://www.cruzroja.tv/index.php?MetaDataID=777260

Referéndum por la Independencia de Cataluña

Quiero un referéndum por la independencia de Cataluña. Deseo la independencia de Cataluña. Me encantaría que Cataluña fuese un estado independiente. ¿Pero si eres español? Pues por eso. Cataluña no es ya parte del extranjero porque a los españoles no nos dejan votar su independencia.

Artur Mas ha conseguido que haya más españoles a favor de la independencia de Cataluña que catalanes. Tanto egocentrismo y arrogancia, tanto victimismo y tanta tontería nos lleva a muchos a desear ponerlos de patitas en la calle. Así, como suena: con dios, ciao, que ni me llames.

Los interesados de siempre hablan del derecho a decidir sobre su destino. Que se lo digan a ese padre de familia que rebusca en los cubos de basura, o al joven que se siente fatal por el precio que tienen que pagar sus padres por la matricula en la universidad. Que vayan y se lo cuenten a los vecinos de los pueblos que han dejado sin servicios de urgencia, sin transporte escolar y hasta sin ambulatorio. Que se lo digan a todos los ancianos y pensionistas, que no solo pagan lo mismo o mas por los medicamentos con receta que sin ellas, que ademas han tenido que ver, como las Farmacias tenían que volver a “fiar” para que pudieran seguir sus tratamientos correctamente.  

A ellos, a esos millones de damnificados por las crisis ¿quién les está reconociendo su derecho a decidir? Hoy más que nunca, decidir significa poder ganarte la vida honradamente sin tener que escuchar más bobadas de las necesarias.

A los nacionalistas catalanes les aconsejaría que recordasen la imagen de Josep Tarradellas, quien, en una entrevista en Diario 16, puso a caer de un guindo al entonces presidente Adolfo Suarez apropósito de las autonomías. <<Hemos ido demasiado deprisa>>, llegó a reconocer el veterano líder nacionalista. Recuerdo una de sus frases: <<si no hay unidad en España, en Cataluña, en el País Vasco, en todo el país, no nos salvamos>> Igualito que ahora.

Algunos, incluso quieren hacer paralelismos entre Escocia y Cataluña. Olvidan algunas nada insignificantes diferencias: Escocia fue reino soberano hasta 1707, algunos de sus reyes, por ejemplo Jacobo VI, lo fueron también de Inglaterra, Cataluña, sin embargo, nunca ha sido un país independiente ni ha tenido reyes propios. Tampoco los catalanes han vivido una diáspora como la que se sufrió en Escocia ni políticas de reasentamiento. Y sobre todo, Artur Mas con falda a cuadros quedaría ridículo.

Quienes conocemos Escocia y Cataluña sabemos que se parecen lo que un huevo a una castaña, y al contrario de lo que sucederá con la independencia de Escocia, el desastre económico que sobrevendría a Cataluña sería de los que hacen época. Pero que esto no acabe con los ánimos de los catalanistas, nunca es tarde para ser independientes. 

Parece que se nos olvida que a la gente como Mas y Rajoy solo les importan dos cosas, salvar sus propios muebles y el dinero. Si, el dinero lo es todo. Todo lo demás es una gran mentira, una gran cortina de humo con la que pretenden ocultar sus propios errores y todas las desgracias provocadas por su pésima gestión.

Acaso creen realmente que si el Gobierno de Rajoy cediera, aunque solamente fuera parte de las peticiones del Gobierno catalán sobre el pacto fiscal el independentismo de Artur Mas seguiría adelante? Ilusos, seguro que diría <<independentismo? bonito sueño, ahora lo que necesitamos es dinero, si no como nos van a rescatar del desastre que he provocado?>>

Griñan, es usted imbécil

25/09/2012 2 comentarios

Si, imbécil, con todas las letras. I-M-B-E-C-I-L.  Se lo repito: imbécil. Haga el piropo extensivo al resto de sus compañeros de gobierno. Andalucía es la región más pobre de Europa, la de más paro, y precisa de la ayuda del Estado para continuar pagando las nóminas (los proveedores hace tiempo que se han resignado a cobrar con retraso) y usted dedica 263 millones de euros a reducir la pobreza en el mundo. Noble propósito, pero sería más justo – y lógico – que intentase acabar con la pobreza que sufre Andalucía.

En Andalucía hay familias que rebuscan en los contenedores de basura para poder comer, jóvenes que se sienten culpables por los esfuerzos que sus padres hacen para pagar sus matriculas universitarias, niños que van a clase sin material escolar porque en casa apenas tienen para comer y menos para libros. La gente, los andaluces y andaluzas, aquellos por los que usted debía velar, las están pasando putas por culpa de las políticas que ustedes han patrocinado. No contentos con eso, ustedes pretenden quitarles el dinero para repartirlo por el mundo. ¿Qué pasa, no tienen suficiente sus amigos de las ong con la casilla del IRPF?

Señor Griñan, ya está bien de ir regalando lo que nos falta por el mundo. El pan que les quiere dar a los “pobres del mundo” se lo quita de la boca a los andaluces. La caridad empieza por uno mismo. Soy el primero que estaría por la labor de ayudar a otros, pero cuando mi país está al punto de ser rescatado y cada día, cuando saco a pasear a mi perro, veo a un hombre rebuscar en los contenedores de basura, siento que cada euro que usted está regalando a otros países se los está robando a esas familias necesitadas.

 

Miedo al agua

No existe mayor absurdo que un buzo con miedo al agua. Por desgracia, abundan los buzos de secano  en esta sociedad aséptica y light, que solo come yogurt si está enriquecido con bifidus. Una sociedad de parroquianos que aspiran a pasar por la vida sin despeinarse y con la flora intestinal intacta.

Con un país tan preocupado por el tránsito intestinal, no es de extrañar que nuestros gobernantes sean tan cagones. Ningún político en España está dispuesto a mojarse y plantar cara a la Europa de Merkel y Draghi. Prefieren claudicar, mirar hacia ninguna parte, dejar que el tiempo pase y resuelva – si puede – lo que ellos no son capaces de enmendar.

Rajoy dijo que España necesitaba un gobierno que supiese lo que hay que hacer y lo hiciese. Tenía razón. Pero se equivocó al creer que ese gobierno podría ser el suyo. Rajoy nunca ha sabido lo que había que hacer. Tampoco ha tenido jamás la voluntad férrea de hacerlo.

Creyó que regresaría la confianza con solo cambiar de gobierno. Se equivocó. El respeto no lo da el cargo, lo dan los hechos. Y de eso, Rajoy, anda más bien escaso. Desde el principio se mostró sumiso y fiel a las políticas dictadas por Merkel. Luego se mostró partidario de lo contrario. Se ganó a pulso el título de veleta del año. Allá donde vaya el viento va él, pero sin mojarse, que los excesos los paga el hígado.

Ahora plantean una quita parcial sobre las participaciones preferentes de los bancos rescatados. ¡A buenas horas mangas verdes! Eso ya lo dijimos nosotros hace un mes. Aquí, en este mismo blog donde aplacamos la bilis acordándonos de la parienta de los paisanos que gobiernan.

La quita, que no es otra cosa que una capitalización de deuda a lo bonzo, supone que quien invirtió en un banco con afán de lucro, asuma la responsabilidad en las pérdidas. ¿Tan difícil resulta de comprender? Si usted tiene una librería, una mercería o un quiosco de pipas y no vende, se va a tomar por saco. ¿Por qué debe ser diferente en el caso de los bancos? Si alguien deposita dinero en un banco para obtener beneficios, debe también estar a las duras y soportar las pérdidas. Se llama capitalismo.

Sin embargo, en el país de la gomina y el snack dietético, que cada palo aguante su vela parece mucho pedir. Así que el gobierno rescata a los bancos, es decir: socializa sus pérdidas y nos endeuda a todos para varias generaciones, y acepta una “quita blanda”, una quita light, dietética, fácil de digerir.

Una quita como dios manda, o la capitalización de deuda, equivale a un quien lo rompe, lo paga. Y si alguien estafó comercializando preferentes a quien no debía, o dando préstamos a sabiendas que no podrían aguantar las cuotas,  pues al trullo y  a tirar la llave. De paso, no precisaríamos ningún rescate y podríamos centrar nuestros esfuerzos en lograr que Europa asuma la responsabilidad que tienen en la situación de nuestra prima de riesgo.

Pero es mucho pedir a nuestros políticos. Una cosa es cabrear a los currantes y otra muy distinta molestar a los “ahorradores”. A Zapatero le falto un par para pinchar la burbuja inmobiliaria antes de que nos reventara la jeta, y a Rajoy le faltan dos pares para meter en vereda a tanto espabilao. Así andamos, con miedo al agua y bifidus diario.  ¡Hay que joderse!

 

Una de bomberos

Erase una vez una ciudad. En la ciudad una casa. Y en la casa un incendio. Los dueños de la vivienda intentaron apagarlo con sus propios y escasos medios. Cuando fueron conscientes de la inutilidad de sus esfuerzos, llamaron a los bomberos.

–          ¿Seguro que es un fuego? Mire usted, que estas cosas se confunden – preguntó el bombero que atendió la llamada de auxilio.

El incendio creció hasta hacerse dueño de toda la planta baja del inmueble. Mientras, en la planta alta, encerrados en la habitación más lejana al fuego, los inquilinos de la casa seguían al teléfono.

–          Verá usted, es que nos pilla lejos.

El incendio se había declarado en una de las viviendas de un barrio periférico. Un barrio de gente honesta, trabajadora y sencilla. Una zona de la ciudad que los habitantes del centro urbano sólo pisaban los domingos y los días libres. Para dar gusto a la parienta y los niños, comer totilla de patas, hartarse a cerveza barata y tomar el sol.

Los de la casa no daban crédito. Le indicaron al bombero la ruta más corta para llegar hasta el incendio.

–          A estas horas hay mucho tráfico – se excusó el funcionario – no se sí merece la pena acercarse, porque no vamos a llegar a tiempo.

 La parte baja de la vivienda era pasto de las llamas. La familia temió por su vida. Desesperados, trazaron varias rutas alternativas y se las explicaron al bombero.

El fuego avanzaba rápido, fuera de control. En un rato, alcanzó a las casas vecinas y toda la calle comenzó a arder.

–          ¿Han llamado a los bomberos?

–          Están de camino.

–          ¿Por qué tardan tanto?

–          Se tienen que detener en todos los semáforos.

–          Ah¡ Los semáforos regulan el tráfico en los cruces. Gracias a ellos no hay tantos accidentes. Hay que obedecer a los semáforos.

El barrio entero se convirtió en una parrillada. El humo y las llamas se veían desde cualquier punto del mapa, por lejano que fuese. Las ciudades cercanas comenzaron a inquietarse y pidieron a la ciudad que sufría el incendio que se diera prisa en sofocarlo.

–          Ya va, ya va – parece que dijo alguien – ¿acaso dudan de nuestra capacidad para resolver solos nuestros problemas?

Todos guardaron silencio. Pero algunos torcieron el gesto, dibujando una sonrisa ácida en el rostro.

Por fin llegaron los bomberos. La gente los recibió con júbilo. Quizás demasiado.

Mientras extendían las mangueras en el suelo pavimentado de la calle en llamas, el jefe de bomberos se dirigió a los vecinos afectados, la mayoría atrapados dentro de las viviendas. Se llamaba Draghi. Nadie lo conocía, pero todos habían oído hablar de él maravillas. Decían que era un fenómeno en la cosa de organizar desfiles.

–          Lo primero que hay que hacer en un incendio – explicó a voz en grito – es cortar la luz y el gas.

Los vecinos de las casas que aún no habían cortado la luz ni el gas, se jugaron el pellejo para cumplir con las órdenes del jefe de bomberos.

–          Coloquen toallas húmedas en las rendijas de las puertas – siguió aconsejando Draghi, protegido por sus gafas redondas y negras. Tras las gafas tenía cara de ratón.

Los habitantes de las viviendas en llamas se miraban unos a otros, perplejos. La intensidad de las llamas hacía inútil aquel consejo. Pese a todo, obedecieron.

–          Oiga, que tengo a la parienta con la permanente chamuscada arrojando cubos de agua al fuego – gritó alguien desde una ventana.

–          Pues que no arroje el cubo, solo el agua – respondió Draghi.

–          Que dice mi mujer que si usted es gilipollas – volvió a atronar la voz.

–          Según el día – reconoció el jefe de bomberos con cara de ratón –. Pero que no eche el agua así como así, que la dirija a la base de las llamas.

Estaban a punto de intervenir los bomberos cuando llegó la alcaldesa. Una tal Ángela, cuerpo de machorra y cara de no haber tenido un buen orgasmo en su puta vida.

–          ¿Todo esto quien lo va a pagar? – preguntó con aire de autosuficiencia marcial.

–          ¡Que nos quemamos! – gritaron varias voces desde las ventas.

–          Sí, pero los incendios no se originan solos – aseguró la alcaldesa –. ¿No habrá sido provocado?

Habían acudido al lugar numerosos ojos ávidos de ver cómo sus vecinos se achicharraban, vuelta y vuelta. Al escuchar la pregunta de su alcaldesa comenzaron a murmurar. <<Quizás lo merezcan>><<¿Quién sabe? ¿Y si todo lo han hecho para llamar la atención?>>

–          Supongo que todos tendrán un seguro de responsabilidad civil – continuó Ángela –, porque el agua no es gratis. Los bomberos querrán cobrar las horas extra. Se va a descuadrar el presupuesto municipal. Tendré que subir los impuestos. La gente de bien no sufre incendios. Y si los sufre, tiene extintores. ¿Tenéis vosotros extintores?

De la casa en la que se había iniciado el fuego ya sólo quedaba el esqueleto humeante. Desde todas las viviendas asoladas por las llamas podían escucharse terribles gritos de dolor y auxilio. Algunos, antes de acabar en la barbacoa, decidían arrojarse por las ventanas y estrellar sus sesos en el asfalto.

El espectáculo era coreado por los curiosos, nostálgicos de una época en la que las ejecuciones eran públicas y se podía oler la carne quemada de los herejes mientras se escuchaban sus gritos.

–          Antes de gastar dinero en salvarles – aseguró la alcaldesa –, quiero que me enseñen su presupuesto familiar. Hay que trabajar más horas para ganar más. Y hay que gastar menos. Hay que ahorrar, contratar seguros y comprar muchos extintores.

Los vecinos accedieron a todo. Estaban desesperados. Sus casas ardían, sus familiares se quemaban. No acertaban a comprender que les quería decir aquella machona de rostro amargo. Sus casas eran también sus talleres y sus tiendas. ¿Dónde iban a trabar si todo acababa devorado por el fuego?

Algunos de los afectados creían en las ideas de la alcaldesa. Ellos siempre habían admirado a la gente de los barrios ricos. Querían ser como ellos, vestir como ellos, pensar como ellos. Por eso adoptaron unas ideas que no eran suyas.

–          Demuestren que son capaces de gobernar sus casas conforme a mis indicaciones – exigió la alcaldesa –. De lo contrario, no dejaré que los bomberos les ayuden.

–          Señora, antes éramos una ciudad libre – dijo un valiente, con los ojos arrasados en lágrimas e impotente ante la devastación que asolaba su barrio –. Teníamos nuestro propio cuerpo de bomberos y tomábamos nuestras propias decisiones. Nos unimos a ustedes para ser más grandes y mejores, pero de igual a igual.

–          El pasado es el pasado – rió Ángela –. A verlo pensado antes. Como los seguros, y los extintores.

–          Teníamos seguros y extintores – replicó la voz valiente.

–          No eran suficientes – reprochó la alcaldesa – lo que es igual a no tener nada.

Los vecinos de los barrios céntricos,  que habían acudido para ver el espectáculo, aplaudieron las ocurrencias de su alcaldesa.

Entonces, sucedió algo que nadie esperaba. El fuego, el implacable fuego, avanzó hacia los barrios ricos de la ciudad. Allí tenía su casa la alcaldesa. También tenían sus casas los vecinos que acudían en masa a ver la pira en la que se había convertido aquel barrio de las afueras.

Los bomberos actuaron al fin. Pero no dirigieron sus mangueras hacia el barrio pobre. Se dedicaron a salvar sólo las casas de los barrios ricos y el centro de la ciudad.

El barrio quedó devastado, y los vecinos recibieron la factura de los daños ocasionados por el incendio. Según los vecinos del centro de la ciudad, inspirados por la alcaldesa, los habitantes del barrio periférico habían sido los responsables del fuego que asoló todo a su paso.

¿Les suena la historia? A mi sí.

 

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