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La renuncia del Papa Benedicto XVI

Renuncia de Benedicto XVI

Renuncia de Benedicto XVI

La primera renuncia de un Papa desde 1415, cuando Gregorio XII abandonó el Sitial de Pedro. Hay que recordar que este Papa fue elegido en un cónclave formado por quince cardenales que buscó poner fin al Cisma de Occidente o Cisma de Aviñón, época en la que la Iglesia Católica contó con dos Papas enfrentados, uno de ellos, curiosamente, se llamaba Benedicto XIII. Y como si la historia se repitiera otra vez, la Iglesia de Roma vive una época de profunda división interna, representada, en esta ocasión por dos grandes cardenales: Ángelo Solano, decano del Colegio Cardenalicio y antiguo Secretario de Estado Vaticano con Juan Pablo II; y Tarcisio Bertone, actual Secretario de Estado y Camarlengo que presidirá la Cámara apostólica y gobernará el Vaticano y la Iglesia Católica durante el tiempo que dure la Sede Vacante.

Estos dos cardenales llevan disputándose el poder desde la misma elección de Ratzinger, con las finanzas vaticanas como telón de fondo. La profunda crisis que vive el catolicismo, con una pérdida significativa de fieles y asediada por innumerables escándalos, llevo a Ratzinger a intentar depurar la institución para hacerla más transparente y cercana a la sociedad, propuesta que apoyaba Ángelo Solano. Se trataba de cambiar para que nada cambie. No se pretendía moverse un milímetro de los mensajes contra el aborto, los anticonceptivos, la posición retrógrada en relación a la homosexualidad, los divorcios o el papel de la mujer en la Iglesia.  Buscaban, exclusivamente lavar los hábitos para que estos no parezcan sucios a los ojos de los creyentes. Ratzinger impulsó entonces una política de puertas abiertas y mayor transparencia. Pero Tarcisio Bertone se opuso a esta transparencia, sobre todo en lo referente a las finanzas vaticanas, y lo que había sido una tensión oculta se transformó en guerra abierta. Incluso el IOR, el Banco Vaticano, contradijo al Papa y se negó a cumplir la ley 127 promulgada por el Papa en diciembre del 2010 y que obligaba al IOR a mostrar sus cuentas. El entonces Director, Ettore Gotti Tedeschi intentó un pulso con el mismísimo Papa, y apoyado por Bertone, promulgando un decreto que recortaba – prácticamente anulaba –la ley promulgada por Ratzinger. No es de extrañar, entonces, que la salida de Ettore Gotti se diese justo un día antes que el estallido del escándalo conocido como Vatileaks, el 24 de mayo de 2012. Se entiende también que Ratzinger, antes de marcharse, elija a un nuevo director para el IOR, un alemán de su confianza, Caballero de la Orden de Malta, y opuesto a Bertone. Es su venganza final.

Desde aquel 24 de mayo, el cardenal Bertone ha estado presionando al Papa para lograr su renuncia. Presiones que han termino por lograr su objetivo, en parte por la dificultad que el Papa tenía para lograr conservar bajo control la Iglesia Católica en América Latina, dirigida a su antojo por Bertone desde la Secretaría de Estado Vaticana. ¿Por qué no lo destituye y en paz? Porque los secretos de la Curia son muchos, y enemistar en exceso a Bertone supondría asumir una venganza realmente cruel y vergonzosa. Ratzinger es consciente que no puede vencer a Bertone, por eso se marcha, para favorecer que otro con más fuerza y menos hipotecas que él pueda lograr desmontar del poder a Bertone. Y aquí es donde entra en juego el tercero en discordia: Angelo Scola y el llamado Clan de los Milaneses, otra facción que busca un Papa Italiano y que se preocupe y mangonee cuanto pueda en Italia. Los de Scola también están en contra de una mayor transparencia en las cuentas del Vaticano y formaron línea de combate con Bertone para lograr la renuncia de Ratzinger, o su muerte (*). Esta facción podría verse favorecida por la división entre Bertone y Solano, bien recibiendo el apoyo de una de ellas o vendiendo muy caro su apoyo.

Se abre una etapa de autentica guerra dentro y fuera del Vaticano, pues los Legionarios de Cristo  y el Opus Dei no dejarán pasar la oportunidad de intentar una nueva alianza que los afiance aún más en el poder, al margen de quien termine siendo el nuevo Papa. Y a ellos se enfrentará, con mucha más fuerza que etapas anteriores los jesuitas, capitaneando a los grupos progresistas de la Iglesia. Ninguna de las facciones en liza escatimará esfuerzos para lograr sus objetivos. Un Cisma encubierto, que puede prolongarse por tiempo indeterminado, y con imprevistas consecuencias, tanto para la Iglesia Católica como para la política internacional. No olvidemos que el Vaticano sigue siendo un actor importante, aunque cada vez con menos fuerza, en la escena internacional. Por no hablar de esos secretos que Bertone ha utilizado para afianzarse en la Secretaría de Estado del Vaticano y doblegar a su jefe. Secretos que estarían asociados con el papel de la Iglesia tras la Segunda Guerra Mundial, la extraña amistad de algunos altos cargos de la Iglesia con la mafia y ciertos asesinatos. Cuestiones de las que ya hablamos en este blog hace más o menos un año, y que hoy se vuelven a poner de actualidad.

 

  • Paolo Romeo, otro de los candidatos a ser Papa fue acusado de asegurar durante un viaje a China que el Ratzinger moriría antes de doce meses, asegurando también que Scola sería su sucesor.

Ver artículos anteriores:

http://paisdeciegos.com/2012/05/29/la-guerra-del-vaticano/

http://paisdeciegos.com/2012/07/07/miserias-del-vaticano-i/

http://paisdeciegos.com/2012/07/08/miserias-del-vaticano-ii/

http://paisdeciegos.com/2012/07/09/miserias-del-vaticano-iii/

 

Miserias del Vaticano (III)

09/07/2012 1 comentario

Conspiración para matar a un Papa.

Cerraré esta miniserie de artículos sobre las miserias que esconden los vetustos muros del Vaticano con el supuesto complot para asesinar al actual Santo Padre. Fue el periódico italiano Il Fatto Quotidiano quien denunció la trama por primera vez; si bien es cierto, que los rumores llevaban semanas alertando de una posible conspiración criminal en la Iglesia Católico.

Las primeras informaciones que llegaron desde la Santa Sede, parecían – o así lo juzgué entonces – que tendrían que ver con los siempre oscuros asuntos de las finanzas vaticanas, investigadas por la fiscalía de Roma por presuntos blanqueos de capital procedente de negocios de la mafia.

Muchos medios católicos, o cercanos a las instituciones más conservadoras de la Iglesia, intentaron no dar excesiva publicidad a la noticia. Cuando los medios de comunicación alejados de su influencia comenzaron a opinar y arrojar más datos sobre la conspiración criminal, corrieron a intentar minimizar los hechos o descalificar a quienes lo sacaban a la luz. Es parte de la batalla mediática que se libra desde hace meses y que, en el fondo, responde más a los combates por el poder dentro de la propia jerarquía católica que a la opinión que tengan quienes no se sientan vinculados a ella.

Aunque muchos pretenden negar lo evidente, en el seno de la todopoderosa Iglesia Católica se libra una batalla de poder que enfrenta a los sectores más progresistas contra los más conservadores.

Algunos autores identifican las facciones en liza con el Opus Dei y los Jesuitas. El grupo ultraconservador liderado por el Opus, y que disfruta del poder actualmente en la Iglesia Católica, estaría formado también por los legionarios de Cristo, los Kikos y el Yunque, apoyados por buena parte de los obispos y casi la totalidad de los clérigos titulares de los centros de culto más importantes del catolicismo. En el otro bando, el de los progresistas capitaneados por los Jesuitas, encontraríamos a la gran mayoría de las órdenes religiosas monásticas y mendicantes, a las congregaciones religiosas,  la mayoría de las órdenes de clérigos regulares, y la mayoría de los clérigos de parroquia.

Sin embargo, los intereses particulares de los diferentes actores, y los intereses personales de sus líderes, impiden trazar una línea que diferencie a las dos corrientes, pues son muy heterogéneas en su composición, y además, las traiciones, y los cambios de opinión de última hora para hacer prevalecer un interés propio, están a la orden del día.

La gran oleada de información que llega desde la otrora hermética Santa Sede, así como los últimos cambios decididos por Benedito XVI, responderían a las escaramuzas de esta guerra tapada. Un conflicto viejo en el seno del catolicismo que parece dispuesto a cobrarse sus víctimas, y no solo en el sentido figurado.

Según informó el citado rotativo italiano, Darío Castrillón Hoyos, cardenal colombiano, hizo llegar al Papa un documento secreto y anónimo en el que se refería una conversación del arzobispo de Palermo, monseñor Paolo Romeo, durante un viaje a China en noviembre del año pasado.

En esta conversación, Paolo Romeo,  a quien muchos consideran el próximo pontífice, aseguró que Benedicto XVI <<moriría antes de doce meses>>. Sin embargo, el propio Romeo habría hecho referencia a otro cardenal como probable sucesor del Santo Padre, el arzobispo de Milán, Angelo Scola.

En respuesta a las acusaciones que hizo Castrillón, la Santa Sede habría contestado restándole importancia. El actual portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, indicó que se trataba de <<delirios que no debían tomarse en serio>> y que era una trama <<tan increíble que no debía tomarse en serio>>.  A pesar de este aparente desinterés por las acusaciones, la carta de Castrillón llegó a los medios de comunicación italianos y de ellos a todo el mundo, sin que el Vaticano haya desmentido la veracidad de los documentos o negado oficialmente la existencia de este complot.

La posición de la Iglesia en este asunto es, como era de esperar, ambigua. Ni afirma ni desmiente. Deja que cada quien haga sus propias cábalas. Pero al margen de creer o no en la veracidad de la trama asesina, lo cierto es que el impacto de la filtración en las jerarquías católicas ha debido ser fortísimo. Más de uno está en estado shock desde la publicación de la carta de monseñor Catrillón en la prensa mundial.

¿Fue la filtración del documento una maniobra para deteriorar las posibilidades de elección en el Cónclave de Socola o Romeo como nuevos Papas? ¿O con esta filtración se pretendía advertir a los conspiradores – en caso de que existan, y sean quienes fueren – del conocimiento que Benedicto XVI tiene de la conspiración? ¿Puede que el actual Papa, al verse presionado por sus antiguos aliados para que abdique y convoque un nuevo Cónclave, haya urdido esta falsa trama para ganar tiempo? Dudas que temo nunca serán resueltas.

No obstante, todas las preguntas pasan por el mismo cruce: la proximidad de un Cónclave. Son muchos los movimientos en la curia que pueden ser interpretados como una toma de posiciones ante la elección de un nuevo Papa durante este año 2012. Una elección que, si se produjese, estaría para siempre ensombrecida por las informaciones que han llegado hasta la opinión pública.

Entiendo, y esta es mi opinión personal al respecto, la interpretación de la información que tengo (tanto de aquella que puedo compartir como la que no), que el Papa ha empleado un astuto y antiguo engaño para  calmar los ánimos y evitar verse obligado en breve a convocar un Cónclave.

Quizás, el peso de las profecías de San  Jeremías y San Malaquías – entre otras – tenga más importancia de la que imaginamos. Al fin de cuentas, Benedicto XVI, además de un gran intelectual, es también un hombre de fe; como muchos otros príncipes de la Iglesia. Cierto que no comparto ni un uno por ciento de sus ideas, pero esto no me impide respetar y reconocer aquello que les honra.

Para muchos de nosotros, hacer referencia a unas profecías del siglo XII resulta novelesco. Pero para quienes creen en la doctrina de la Iglesia, que en buena parte se sustenta en profecías, es parte de su propia naturaleza. No en vano, las profecías del arzobispo Malaquías de Armagh fueron custodiadas en los archivos secretos del Vaticano durante, al menos, cuatrocientos años. Y aunque consideremos que se trata de un documento que se escribió para favorecer la candidatura de Girolamo Simoncelli para suceder a Urbano VI a finales del siglo XVI, la opinión de los creyentes suele ser otra muy distinta. Y como es lógico, esas creencias influyen, consciente o inconscientemente, en las pautas de conducta.

Lo curioso es que la opinión pública esté tan dispuesta a considerar como cierta la conspiración para matar al Papa, e incluso algunos consideren como probable el hecho de una trama asesina dentro de los muros vaticanos.

Sin duda, la historia de complot y crímenes en la Iglesia es tan abultada que resulta imposible no considerar la opción de una muerte violenta del ocupante de la Silla de Pedro. Al fin de cuentas, han sido trece los Papas asesinados durante su pontificado. Uno de ellos, casualmente, se llamaba Benedicto VI. Y esta lista son solo los “asesinados oficialmente”, es decir, los que se reconoce sin lugar a dudas que fueron asesinados. Sobre otros muchos Papas sólo existe la sospecha. El último de estos Papas que han sufrido muertes inexplicables o extrañas fue Juan Pablo I.

Apodado el “Papa de la sonrisa”, Juan Pablo I sólo ocupó el obispado de Roma durante 33 días. Se dice que, en una ocasión, aseguró que su pontificado sería breve y que lo sucedería <<el extranjero>> que se sentaba frente a él en el Cónclave: un joven cardenal llamado Wojtyla, cómo terminó ocurriendo.

La muerte de Juan Pablo I, en quien muchos habían puesto esperanzas reformistas, siempre estuvo rodeada de misterio. Desde la manera en la que se encontró el cadáver, por una monja que reparó en que el Santo Padre no había acudido a tomar su café; al hecho de no trascender detalles de las causas de su triste fallecimiento.

Hubo además muchas contradicciones entre quienes tuvieron acceso al cuerpo sin vida de Juan Pablo I. Tan extraña fue la muerte del Papa, que siempre había gozado de una salud de hierro, y confusas las informaciones que transcendieron, que pronto se alzarían voces dentro de la propia Iglesia Católica exigiendo una autopsia y una investigación de la muerte del pontífice. Entre las voces que lo exigieron, estaba el obispo de Cuernavaca, monseñor Méndez Arceo, y Franco Antico, dirigente de la organización tradicionalista Civiltà Cristiana. El sacerdote Jesús López Sáez, en su obra Juan Pablo I, caso abierto, asegura que el Papa fue asesinado por una ingestión mortífera de un fármaco vasodilatador justo antes de realizar importantes cambios en la curia.

Con semejantes antecedentes, tan cercanos en el tiempo, y el habitual secreto que rodea los manejos políticos de la Santa Sede y las Conferencias Episcopales, es comprensible que cualquiera, al tener noticia de la existencia de una conspiración para asesinar a un Papa, opte por considerar plausible la teoría del complot. 

Miserias del Vaticano (II)

08/07/2012 3 comentarios

Emanuela Orlandi desapareció el 22 de junio de 1983. Salía de tomar clases de flauta en el Tommaso Ludovico Da Victoria School, relacionado con el Institutum Pontificium Musicæ Sacræ, y  unas compañeras de clase la acompañaron a la parada del autobús. Según contaron las amigas; Emanuela les había hablado de una oferta de trabajo en una compañía cosmética. Pero habló siempre en pasado, como si la entrevista con el agente de esta empresa cosmética se hubiese desarrollado antes de entrar a las clases de música. Clases a las que llegó tarde aquel día.

Esta oferta de trabajo fue confirmada por la hermana de la joven desaparecida, quien habló con ella por teléfono aquel día y le aconsejó que, antes de tomar ninguna decisión, lo hablase con los padres.

La última noticia sobre la joven, que entonces tenía 15 años, la situaban en un BMW grande y oscuro al que algunos testigos la vieron subir por propia voluntad.

La desaparición de aquella joven conmocionó a Italia. Pero desgraciadamente, nunca pudo resolverse su caso. El cual, casi desde el principio, estuvo relacionado con el Vaticano. Tanto porque el padre de la niña era un empleado de la Banca Vaticana cómo porque una de las teorías que se barajaron entonces era un móvil político.

Según algunas investigaciones, fueron los lobos grises quienes secuestraron a la joven para negociar con el Vaticano la liberación de Mehmet Ali Agca, el musulmán que atentó contra la vida del Santo Padre sólo dos años antes.

Sin embargo, el propio Ali Agca aseguró que su grupo no tenía nada que ver con el asunto. Ni los lobos grises habían estado jamás bajo el control del KGB (de hecho los Lobos Grises eran anti-comunistas y ultranacionalistas turcos), como fuentes ultraconservadoras se empeñaban en asegurar, ni buscaron su liberación. Menos aún, secuestraron a la joven, según indicó Agca, quien aseguró que la joven se encontraba en manos de un influyente grupo vaticano.

Casi treinta años después, cuando muchos nos habíamos olvidado de aquellos terribles sucesos, saltó la noticia de la mano de una mujer, Sandra Minardi, antigua amante del capo mafioso Enrico De Pedis. Según afirmó en un programa de televisión italiano, el mafioso sería el responsable del secuestro y asesinato de la joven para extorsionar al Vaticano y cobrarse un dinero que habría entregado a la Banca del Vaticano para su blanqueo.

Aseguró que, si se exhumaba el cuerpo del mafioso, se encontrarían las pistas determinantes que faltaban para solucionar el caso.

Dicha exhumación tuvo lugar el pasado mes de mayo, sin que se hayan descubierto pruebas concluyentes. Da la casualidad que el mafioso, asesinado en un ajuste de cuentas en 1990, fue enterrado en la Iglesia San Apolinar de Roma con el boato propio de un príncipe de la Iglesia. Incluso, su cuerpo se encontró encerrado en tres ataúdes, algo reservado por la tradición a los Sumos Pontífices y quienes se hayan destacado en el servicio a la Iglesia.

Pero las revelaciones de la exprostituta no acaban aquí, sino que reconoce haber sido la concubina del arzobispo Marcinkus, a quien le proporcionaba chicas jóvenes para sus perversiones, y amante habitual de Calvi, el presidente del Banco Ambrosiano. Y  es que, Minardi, como meretriz no tenía precio. La mitad de la clase alta italiana se revolcó entre sus muslos. La otra mitad observaba con envidia a los afortunados que lograban estar con la reina de las putas italianas.

En medio del revuelo que las declaraciones de Minardi, quien hoy cuenta 50 años, han levantado en Italia, el exorcista jefe del Vaticano, el padre Gabriele Amorth, aseguró públicamente que la joven Emanuela Orlandi había sido secuestrada por una red de pederastas que actuaban en la Ciudad del Vaticano. Según el veterano sacerdote, la joven fue reclutada por un policía del Vaticano y entregada a este grupo de depravados, del que formarían parte políticos, diplomáticos y religiosos.

Orlandi se convirtió de este modo en esclava sexual hasta el día que fue asesinada, siempre según las declaraciones del padre Amorth.

Para ser justos, me gustaría recordar que el padre Amorth considera que el yoga es satánico y Harry Potter una película peligrosa porque hace creer que la brujería es buena. Personalmente, creo que este personaje exorcista, sacado de la peor tradición del catolicismo, no merece ningún crédito. Por mucho que algunos, en la propia Iglesia, estén alabando sus obras sobre el demonio y el mal que campa en el mundo, sobre todo entre izquierdistas, rojos, masones y gays, a este señor siempre le patinaron las neuronas, con todo el respeto que merece a su dignidad humana y a sus creencias religiosas.

De hecho, jamás hubiese utilizado una declaración de Amorth para este o cualquier otro artículo,   porque sus posiciones me han parecido siempre una ofensa a la razón y el sentido común. Sin embargo, me llamó la atención que, poco después de la ruidosa afirmación  de Amorth en el periódico La Stampa, la prensa cercana al Vaticano haya publicado una declaración de Alí Agca en la que asegura que mintió en su primera confesión y exime de toda culpa a la Iglesia.

Según han publicado todos los medios próximos a la Iglesia Católica, quien intentó asesinar al Papa asegura que mintió cuando acusó de ser la Iglesia quien estaba detrás del secuestro de la joven Orlandi. Incluso afirma que sigue viva y retenida en Turquía, donde aún procesa la fe católica y reza a diario.

Resulta tan rocambolesca esta declaración de Alí Agca, y tan oportuna, que no puedo por menos que replantearme mi opinión hacia el exorcista del Vaticano y dar a su declaración un crédito que hasta ahora le había negado.

Aunque si quieren mi opinión personal en este triste asunto, no creo que el Vaticano tenga nada que ver en los sucesos. Quizás tuvo información pero, por diversas razones, no la facilitó. Es una posibilidad, pero no creo que la desaparición de la joven estuviese directamente relacionada con la Iglesia. En esos años, operó en Italia una red de prostitución que captaba jóvenes, engañándolas con falsos empleos, y luego las forzaba a prostituirse en club de lujo. Por desgracia, esta es la hipótesis más probable en este terrible asunto.

El secuestro de la joven Orlandi es muy diferente del triple asesinato de la Guardia Suiza del que hablé en Miserias del Vaticano I. En esos asesinatos, sólo estuvieron implicadas personas de dentro de la Iglesia Católica. Y el Vaticano evitó cualquier intromisión en las investigaciones. Empleó, además, toda su poderosa influencia para acallar las críticas y ocultar las dudas razonables que se plantearon entorno a los crímenes.

Existían, también, dos claros móviles que forzarían al Vaticano a evitar que nadie removiese el asunto: la supuesta relación homosexual de los dos guardias suizos y el complot político para hacerse con el control de los servicios de seguridad del Vaticano.

En el caso Orlandi, nada vincula a la Iglesia más allá de las declaraciones, treinta años después, de personas cuya credibilidad debemos reconocer cómo dudosa. No por el hecho de haber sido o no prostituta, o por los comentarios fanáticos del exorcista contra el yoga o Harry Potter, sino porque no han sido capaces de aportar ninguna prueba. De hecho, y aunque creo en la veracidad del testimonio de Minardi en lo que a los encuentros sexuales con arzobispos se refiere, su declaración sobre la desaparición de la joven es muy débil. Entre otras cosas, afirma que fue ella quien contactó con la niña y la subió al vehículo, pero asegura desconocer que ocurrió después. Y tampoco parece que en la tumba que ella indicó se encuentre nada que vincule al capo con el secuestro. ¿Puede ser que la declaración intente implicar al Vaticano para lograr protagonismo o para eludir alguna responsabilidad? Todo es posible en esta historia. Confiemos que algún día sepamos la verdad y podamos dar paz a la familia de la joven desaparecida.

Esto no exime a la Iglesia de otras muchas cuestiones oscuras de los años setenta y ochenta. La situación geográfica y política de  Italia la convertían en un campo de batalla de la Guerra Fría. Eran años duros, años de plomo y sangre. Palestinos e Israelíes, CIA, Mosad, MI6, DGSE, KGB, Frailes Negros, el escándalo del Banco Ambrosiano, las Brigadas Rojas, los comunistas de la mano de los democratacristianos. Secuestro de Aldo Moro. Aldo Moro asesinado. Mafia. Matanza de la estación de Bolonia perpetrada por los ultraderechistas de Ordine Nuovo. Heroína y cocaína. Sexo. Putas de lujo. Y en todo la Iglesia tuvo ojos y oídos, cuando no manos. Nada, sin embargo, ha sido aclarado de todo lo sucedido en aquella época. Misterios y secretos que el Vaticano oculta con celo. ¿Por qué? A caso la realidad es aún peor de cuanto podemos imaginar.

 

Miserias del Vaticano (I)

07/07/2012 3 comentarios

En las últimas semanas, la Iglesia Católica ha iniciado una campaña mediática para lavar su imagen y desprestigiar a quienes se atreven a cuestionar el uso sectario e inquino de su poder. Incluso han desenterrado los fantasmas de la antigua Unión soviética para ocultar sus miserias. En casos tan graves y tristes como la desaparición de Orlandi, algunos periodistas, conocidos por su vocación beata, se dedican a insinuar que todo pudo ser un montaje de los servicios secretos rusos para desestabilizar a un Vaticano que trabajaba por hacer caer el muro de Berlín y acabar con el comunismo, sobre todo en Polonia.

Resulta patético ver a personas cabales e ilustradas defendiendo gilipolleces. Existen pruebas materiales, testimonios e incluso confesiones que relacionan al Vaticano con sucesos oscuros y delictivos. Cuestiones que, insultando y desviando la atención, intentan tapar como sea. Pero lo cierto es que, por más malos que fuesen los rojos, quienes tienen enterrado a un conocido capo mafioso con la pompa reservada a los príncipes de la iglesia, y en uno de los templos más sagrados del cristianismo, es la Iglesia Católica y en concreto su brazo civil más poderoso: el Opus Dei.

Podrán jurar en arameo, que seguro se les da bien, pues es una lengua muerta muy vinculada a los primeros cristianos, y además tienen experiencia en esto de mentir y engañar en masa. Pero lo cierto, lo incuestionable, es que la Iglesia Católica Apostólica y Romana entierra a mafiosos con pompa papal. Y esto, no tiene que ver con los rojos. Tiene que ver con las finanzas vaticanas y con la delincuencia como fuente de ingresos; si acaso, cómo fuente de ingresos a través del blanqueo de capitales. Es decir, el Instituto de Obras de Religión, la banca vaticana, para aclararnos, es una supuesta la lavadora de la mafia italiana.

Como uno está hasta las narices que le tomen por tonto e intenten hacer pasar el negro por blanco, se me antoja dedicar un rato estos días veraniegos a narrar algunos sucesos que enrojecen a los vaticanos in love que pueblan la ibérica.

Empecemos por contar una historia de crímenes, digna del mejor guión de Hollywood.

Corría el año 1998. Lunes 4 de mayo, para ser más exactos. Inmediaciones de la Puerta de Santa Ana en el Vaticano. Tres cadáveres son encontrados en uno de los apartamentos destinados a la Guardia Vaticana, el ejército suizo del Papa.

Los cuerpos, cubiertos de sangre, corresponden al coronel Estermann – recién nombrado jefe de la Guardia Vaticana –, su mujer, Gladys Meza Romero, y el cabo segundo Cédric Tornay. Todos han muerto por disparos de arma de fuego.

El entonces director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, Joaquín Navarro-Valls, divulgó el siguiente comunicado: <<El comandante en jefe del cuerpo de la Guardia suiza pontificia, coronel Alois Estermann, fue hallado sin vida en su domicilio junto a su esposa Gladys Meza y el cabo segundo Cédric Tornay. Los cadáveres fueron encontrados poco después de las 21 horas por una inquilina del apartamento contiguo, alertada por los fuertes ruidos. Un primer reconocimiento superficial permite afirmar que los tres murieron por disparos de arma de fuego. Bajo el cuerpo del cabo segundo se encontró el arma reglamentaria del mismo. Las investigaciones están dirigidas por el juez único de la Ciudad del Vaticano, el abogado Gianluigi Marrone, el cual ha dispuesto la inmediata práctica de la autopsia, que será llevada a cabo por los profesores Piero Fucci y Giovanni Arcudi, asesores médico- forenses de la dirección de los Servicios Sanitarios del Vaticano. Los datos que hasta el momento han saludo a la luz apuntan a un posible acceso de locura del cabo segundo Tornay>>. Es decir, en este comunicado, emitido con urgencia la madrugada del 5 de mayo, y basándose sólo en una inspección ocular – sin siquiera haber practicado la autopsia ni las pruebas balísticas – el Vaticano ya sentaba las bases de la teoría oficial: locura y suicidio.

Lo curioso del tema es que, pocos minutos después del asesinato, el propio Navarro Vallas, se encontraba en la escena del crimen. Sólo cuatro horas más tarde, difundía su versión a los medios de todo el mundo. Y sobre todo, utilizaba la prensa vaticana para fortalecer la versión del <<arrebato de locura>>.

Llama poderosamente la atención que, el Vaticano, no recurriese a la ayuda de la policía italiana, algo que frecuenta hacer cuando no está en peligro ninguno de sus muchos secretos. Por ejemplo, el suicidio de Benedetto Mininni en la basílica de San Pedro, el 26 de agosto de 1999, poco después del suceso comentado, fue investigado por la policía italiana a petición de las propias autoridades católicas. ¿Por qué un suicidio sí fue investigado por la policía italiana y el otro fue investigado por el juez único del Vaticano?

Ante la insostenible versión, pronto surgió el rumor de un crimen pasional. En el Vaticano y en toda Roma, se comenzó a insinuar que Gladys y el joven cabo de la Guardia suiza eran amantes. Quedaba así apuntalado el débil móvil de la locura y el suicidio. Sin embargo, nunca antes se conoció ningún rumor al respecto ni existieron jamás pruebas que pudieran vincular a la esposa del coronel y al cabo.

Debemos tener en cuenta, además, que el coronel asesinado no era un oficial cualquiera. Se trataba del héroe del Vaticano y de toda Italia, el hombre que cubrió con su cuerpo al Papa Juan Pablo II cuando esté fue tiroteado, salvándole la vida. ¿No sería lógico que su muerte fuese aclarada sin género de dudas y que su entierro hubiese revestido más brillo?

Contra toda lógica, el Vaticano se apresuró a enterrar los cuerpos, incluso dificultando que las familias pudiesen acceder a los cadáveres. Rechazó cualquier ayuda externa y jugó al rato y al ratón con los posibles móviles para el crimen. El rumor inicial de una relación adúltera fue desmentido oficialmente; logrando que quienes no se hubiesen enterado se pusiesen al corriente de las supuestas correrías de alcoba de la dama y el recluta.

Se aseguró que el cabo estaba molesto por castigos recibidos y por lo que él consideraba que era una falta de reconocimiento a su trabajo. Luego, se diría que el cabo estaba muy a gusto en la Guardia Suiza pero que el cansancio y el estrés hicieron mella en sus facultades mentales.

Lo sorprendente es que, antes de darle una pistola a nadie, se le suelen hacer pruebas psicológicas para determinar si podrá usarlas contra sí mimos o contra otros de manera injustificada. El elitista grupo de la Guardia suiza, formado por solo 100 personas, es una de las unidades más elitistas y que más pruebas hacen a sus miembros antes de permitirles incorporarse a filas. ¿Es concebible que se le encomendase alguien, que no fuese capaz de soportar la presión y el estrés, la custodia de la sagrada persona del Papa? Difícil de creer.

Hasta aquí, no obstante, todo podría ser considerado como una metedura de pata de proporciones titánicas; pero metedura de patas a fin de cuentas. No obstante, la cosa se comenzó a complicar inmediatamente después de estos sucesos.

La madre del cabo Tornay recibió una extraña visita. Un religioso que le aseguró estar en posesión de las pruebas materiales que demostraban que su hijo había sido asesinado. La mujer, desesperada, intentó contar aquel encuentro a todos; pero nadie la hizo ningún caso.

Este religioso, que al parecer estaba presente en el funeral del cabo Cédric, era conocido como padre Yvan. Llegó a decir que el asesinato del joven fue culpa suya. Las muertes estaban relacionadas con una información que él les había transmitido a algunos miembros de la Guardia Suiza.

Aquella pista jamás se investigó. Al menos no por la Iglesia. Al menos no oficialmente.

La misma madrugada del 4 al 5 de mayo, varios espías del Sismi, el servicio secreto militar italiano, visitaron la casa de un veterano oficial de la Guardia Suiza para intentar recabar información de este confidente sobre los crímenes. Aquella misma noche, los servicios secretos de todo el globo, dudaban de la versión oficial facilitada por Navarro- Valls.

Existen sospechas fundadas sobre la investigación paralela que pudieron llevar a cabo varios servicios secretos occidentales. Estas investigaciones tendrían como objeto predecir un supuesto relevo en el Trono de Pedro, o incluso influir en el mismo.

¿Llegaron a buen término alguna de estas investigaciones? ¿Cuáles fueron sus conclusiones? Diversas fuentes aseguran que los servicios secretos, especialmente francés, americano e israelí conocen la verdad de los sucesos de aquella fatídica noche del 4 de mayo de 1998. La información, por desgracia, sigue sujeta a clasificación confidencial.

Quizás, la clave haya que buscarla en una información que transmitió la madre del cabo. En ella, la mujer aseguraba que su hijo estaba investigando una trama del Opus Dei. Tanto el coronel de la Guardia Suiza del Papa, como su mujer, cuatro años mayor que él y con quien no había tenido ningún hijo, eran miembros de la Obra.

Gladys, incluso administraba personalmente los fondos de la World Oraganization for the Family, una institución cercana al Opus y presidida por Cristina Vollmer Herrera, esposa del embajador de Venezuela ante la Santa Sede.

Algunos analistas consideran que,  con el nombramiento Alois Estermann, el palacio Apostólico y el propio Papa hubieran estado controlados por un aparato militar gobernado por el Opus Dei. Erstermann había acariciado la idea, bien vista por algunos sectores de la todopoderosa Orden, de transformar la Guardia suiza en un Cuerpo Especial y la reorganización del ejército pontificio.

Esta es la opinión manifestada por los Discípulos de la Verdad, autores de Mentiras y Crímenes en el Vaticano. Esta obra, escrita por un grupo de eclesiásticos y seglares del Vaticano es una contestación a la <<verdad oficial>> elaborada  y difundida por la Santa Sede. <<Hemos obrado como creyentes, siguiendo el imperativo del octavo mandamiento>>, aseguraron los autores anónimos en el manuscrito del libro.

Otra versión bien distinta, es la explicada por el corresponsal del The Sunday Times en Roma, el prestigioso John Follain. En su obra City of Secrets: The Startling Truth Behind the Vatican Murders, sostiene la hipótesis de una posible relación adúltera entre Estermann y Tornay.

Según esta teoría, los diferentes rumores y mentiras que el vaticano vertió sobre este triple asesinato, estaban relacionados con las prácticas homosexuales de los dos guardias suizos. Al parecer, Estermann era conocido por su promiscuidad gay. Entre sus amantes se contarían varios miembros de la Guardia Suiza del Papa, entre los se encontraba Tornay.

El libro Verbum Dei et Verbum Gay, del escritor Massimo Lacchei, cuenta cómo la Guardia Vaticana ha sido proveedora habitual de chaperos para altos dignatarios de la Iglesia. Incluso algunos guardias suizos han llegado a prostituirse por dinero o favores. Los personajes de la citada obra, Mayor Jörg y el Teniente Kaspar, son en realidad Estermann y Tornay, según el propio autor ha manifestado.

Si esta teoría es cierta, el asesinato pasional sería sólo la punta de un iceberg de homosexualidad, prostitución y favoritismos en medio de las luchas de poder en la Santa Sede.

 

 

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