Elecciones en Italia

Aunque no están ocupando muchos titulares de prensa, las elecciones italianas pueden ser determinantes para el futuro de la UE, y sobre todo, para los objetivos de España, que junto a Francia (cuya economía se deteriora a marchas forzadas), precisa de aliados que logren involucionar la austeridad impuesta y permitan el crecimiento.

Berlusconi ha llegado para enrarecer, de nuevo, el ya pesado y complejo sistema político italiano. Una democracia que aún no se ha repuesto del hundimiento de sus dos grandes partidos: el Partido Comunista Italiano, el más importante de Europa; y la Democracia Cristiana. Curiosamente, mucho de lo que se está viviendo hoy en España, lo sufrieron los italianos hace más de veinte años, cuando a comienzo de los noventa, tras la ciada del muro de Berlín, las contradicciones internas y los problemas de corrupción hundieron a las dos grandes formaciones, permitiendo el resurgir de los populismos.

Como consecuencia del hundimiento de unos partidos que, no lo olvidemos, sirvieron de referente para la creación de los dos grandes partidos que gobiernan en España, la política italiana se fragmentó en una pléyade de partidos pequeños que concurren a las elecciones en endebles coaliciones. Esta debilidad de los partidos, y la ausencia de programas que los amalgamen, dejo espacio para que figuras como Berlusconi alcanzasen el poder. Pero sería injusto acusar sólo a Berlusconi, pues él  representa un arquetipo de populismo, asociado con la derecha y los poderes financieros y mediáticos. En el otro lado, un exultante Beppe Grillo, igual de populista que Berlusconi, impulsa un movimiento de clara tendencia izquierdista y asamblearia que se abre paso entre unos partidos débiles y desacreditados, rehenes en muchos casos de su propio pasado, al cual no han sabido (o no han querido) dar la espalda.

Italia debe servir para la reflexión, pues el mejor ejemplo de lo que puede llegar a convertirse la política española durante décadas, si somos incapaces de asumir las reformas necesarias para evitar que nuestra joven democracia se convierta en el terreno abonado a la demagogia y el populismo. Además, como he dicho más arriba, los resultados de de estas elecciones pueden ser trascendentales para el futuro de Europa, y en especial para los intereses de España y el conjunto de los países mediterráneos. 

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