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Para dormir la siesta ya no veo documentales, veo el telediario

09/10/2012 1 comentario

En España sufrimos algo más que una crisis económica, sufrimos una crisis moral, ética, cultural, de referentes. El desprestigio de la política y las instituciones también alcanza a los medios de comunicación. Con no pocos motivos, la ciudadanía se pregunta qué puede esperar de quienes, teniendo la obligación de ser los ojos y los oídos de la sociedad civil, han cohabitado con el poder y dulcificado – cuando no enmascarado – los errores y las miserias de la clase política y las oligarquías financieras.

Los medios de comunicación tienen una responsabilidad incuestionable en cuanto ha sucedido, pues entre otras cosas, nunca se preocuparon de cuestionar los mensajes que llegaban desde el poder político. Dejaron de contrastar la información y de buscar la verdad, dedicándose a ser correa de transmisión de eslóganes que hoy se muestran falsos. Pero lo más grave es que, al igual que los políticos, no están haciendo nada por cambiar las cosas, por reconocer los errores e intentar enmendarlos.

Cada vez la información es más sesgada, más partidaria y más sedante. Cuestiones de primer orden, como la reunión del Eurogrupo, donde puede que se estén negociando las condiciones para el rescate soberano de España, reciben un trato secundario por los periódicos y televisiones. Salvo algunas honrosas excepciones, la campaña electoral de Venezuela ha ocupado más minutos en televisión y palabras en los periódicos que cuestiones como el encuentro del Eurogrupo o las elecciones autonómicas en Galicia y País Vasco. Basta recordar el interminable reportaje del informativo dominical de TVE sobre los comicios en aquel país. Incluso los desayunos de la mañana de TVE han estado dedicados al tema.

Siquiera obedece a un intento de relatar la realidad de un mundo global. Apenas tampoco se está haciendo seguimiento de los debates y la campaña norteamericana, ni se dedica espacio al conflicto de Siria y las implicaciones globales que puede llegar a tener. Tampoco se informa de la actitud de Irán – que ha desaparecido de las primeras planas de los periódicos –, cuya obstinación por desarrollar armas nucleares puede obligar a un ataque israelí. Ataque que, según informan diversos medios israelís y norteamericanos, podría llegar en las próximas semanas, incluso antes de la celebración de los comicios americanos.

Menos aún nos informan de las amenazas contra España de Omar Bakri, radical musulmán vinculado a Al-Qaeda al que el Reino Unido le tiene prohibida la entra en su territorio desde 2005, o la presión que están sufriendo comerciantes franceses a manos de grupos integristas que demandan que dejen de comercializar carne y derivados del cerdo, bebidas alcohólicas y lencería femenina. A pesar que son muchas las instituciones que alertan del peligro que conlleva el terrorismo islámico en Europa, empezando por los propios servicios de inteligencia españoles, los medios no están concediéndole ninguna importancia.

Los medios de comunicación en España han caído en manos de los políticos. Se han convertido en diligentes voceros de las consignas que llegan desde Moncloa y los diferentes centros de poder político. Una actitud que solo lleva a generar más desafección de la ciudadanía. En un momento en el que los medios de comunicación deberían ser los primeros en abanderar la transparencia y la verdad como único abono de un proyecto colectivo que recupere la ilusión, ellos siguen durmiendo la siesta e intentando que los demás también la durmamos. Vergonzoso.

 

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España, peor que con ZP

No lo digo yo, lo dice Pedro J. en el Mundo, periódico tradicionalmente vinculado al núcleo duro del PP. Puede que anden en la redacción del Mundo enfadados porque Rajoy ha preferido conceder su primera entrevista desde que es Presidente del Gobierno al ABC, pero me da la sensación que la cosa tiene otros tintes.

A nadie se le escapa que Rajoy está haciendo todo lo contrario de lo que prometió, y aunque él se escude en la realidad, desde su llegada a la Moncloa el paro no ha dejado de subir, han subido los impuestos, hundido el consumo, entrado en recesión, aumenta el coste de la deuda y no se logra atajar el déficit. Resumen: jodidos.

Rajoy está siendo un problema para España, más preocupado por su propio futuro y el de su partido que por los intereses generales, corre como pollo sin cabeza. Equivocó el diagnóstico y está equivocando las recetas.

Los problemas presupuestarios no se generaron por un problema de gasto, sino por una caída de los ingresos. En vez de luchar para reactivar la economía y lograr que se recuperen los ingresos, Rajoy apostó por controlar el gasto. La última terrible y absurda decisión es la subida del IVA, que contribuirá a hundir más el consumo y reducir la recaudación fiscal. Un despropósito.

Subir el IVA equivale a una devaluación interna, pues nuestro poder adquisitivo se resiente empobreciéndonos aún más. En vez de luchar contra la economía sumergida, está forzando que muchos recurran a ella por puro instinto de supervivencia. Rajoy no solo está ajustando el gasto del estado, quiere ajustar también el de las familias, sin darse cuenta que más recortes en la cesta de la compra suponen avocar a cientos de miles de familias a la pobreza. Estamos mal, pero aún vamos a estar peor si este irresponsable sigue gobernando. 

Días de cábalas

No hay noticias. Solo conjeturas. Hasta el jueves día 6 de Septiembre, todos andarán haciendo cábalas. Será este el día en el que comiencen a divisarse el camino a recorrer durante los próximos meses. Poco trascenderá de la reunión de Merkel y Rajoy en la Moncloa. Formalmente, será un gesto de la canciller alemana para apoyar al gobierno de su colega ideológico; en la práctica, vendrá con la lista de reformas estructurales y recortes que Alemania exigirá para que España pueda beneficiarUEse de cualquier mecanismo de ayuda. Pero no será aquí, tampoco, donde realmente nos la juguemos.

Será en la reunión del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo, que se celebrará el mismo día. Esta reunión ordinaria del BCE debe discutir sobre los tipos de interés de la zona euro, pero a nadie se le escapa que el verdadero debate será sobre el papel que el BCE debe interpretar de ahora en adelante para estabilizar los mercados y garantizar que la crisis de deuda no termine por llevarse por delante la moneda única. Todos están a favor de un cambio de actitud. Todos menos Alemania. El jueves, por tanto, no se discutirá sólo sobre las medidas instrumentales del BCE, sino sobre la propia independencia del BCE y el futuro mismo de la UE.

Las duchas frías que Alemania se ha dedicado a recetar a los mercados durante las últimas semanas han vuelto a poner la Prima de Riesgo en una situación más que difícil. Sólo Alemania se niega a que el BCE garantice la financiación de los Estados, actuando como prestamista último. Y la pasividad de Draghi no está ayudando a generar esperanza ni a tranquilizar los mercados. El jueves saldremos de dudas.

 

Recortes que llaman a más recortes

La única promesa electoral que le queda por incumplir a Rajoy es una bajada en las pensiones. Al tiempo. Es inevitable, habida cuenta de la marcha de la anti-política del gobierno.

Los gastos sociales tienen un efecto redistributivo. Cuando menguamos la inversión en políticas sociales estamos restando poder adquisitivo a los ciudadanos. No solo es insolidario, pues los recortes se ceban en quienes menos tienen. Además, hipoteca el futuro, pues la educación y el cuidado de la infancia se resienten, perjudicando las expectativas generacionales del país. Para colmo, resulta anti-económico al tener una repercusión directa en la adquisición de bienes y servicios relacionados con el bienestar de las clases medias y el ocio.

Si a esta política de ajuste social indiscriminado le sumamos el perjuicio que causa en el consumo de la subida de impuestos, es fácil comprender que las decisiones del gobiernos nos llevarán a más recesión.

Al disminuir la protección social y subir los impuestos, las familias dejan de consumir. Esta caída del consumo destruye a las pymes, crece el paro y cae la recaudación. Esta caída de la recaudación pública (ingresos por impuestos) fuerza a nuevos ajustes, cada vez más profundos y lesivos que los anteriores.

Es un círculo vicioso que sólo puede romper la inversión pública. Rajoy, sin embargo, parece no enterarse, o no querer enterarse. Aguarda que Europa recupere el pulso económico y España pueda beneficiarse del tirón y las sinergias del viejo continente. El problema es que esta ecuación suya es la cuadratura del círculo, una quimera metafísica.

Las políticas de Rajoy están empobreciendo el país, destruyendo la clase media, generando más despidos y destruyendo el tejido empresarial, en especial a las pymes y autónomos. Con la pérdida de valor de las empresas estamos perdiendo toda posibilidad de alcanzar la recuperación económica.

Culpabilizando a los funcionarios de la situación, cebándonos con este gremio, estamos desaprovechando el potencial que la función pública ofrece. Las administraciones públicas son también agentes económicos, pueden y deben contribuir a la dinamización de la economía. Los funcionarios son grandes consumidores, en vez de restarles poder adquisitivo, habría que incentivar su consumo.

Rajoy lo está haciendo todo mal. Su gestión nos está abocando al desastre. La prepotencia del PP está dividiendo cada vez más a una sociedad que no ha superado del todo sus traumas históricos. ¿Nadie en Moncloa tiene un mínimo de sentido común? ¿Nadie en el gobierno está en condiciones de asumir el liderazgo del que carece el presidente?

Al principio de la legislatura nos jugábamos nuestro futuro económico, pero desde que Rajoy está en el gobierno es mucho más lo que ha puesto en juego: nuestra forma de vida, los valores sobre los que edificamos nuestra convivencia e incluso la misma democracia.

 Rajoy se hartó durante años de gritar a los cuatro vientos que Zapatero era el problema de España. Bien, Zapatero ya no está, y el problema es usted. ¿Qué hará al respecto?

Viernes de Dolores

Desde que Rajoy llegó a la Moncloa, los viernes se han convertido en fecha temida por todos. El día en que se reúne el Consejo de Ministros empieza a ser conocido como el Día de la Flagelación. Y es que aún se espera una sola decisión que no resulte lesiva para algún derecho social, laboral o económico.

Rajoy ha dicho bien claro que seguirá con su agenda reformista pese a quien le pese. Una actitud dogmática que le aleja cada vez más de la sociedad y de la verdadera naturaleza del poder político: dar respuesta a las expectativas de los ciudadanos.

El PP quiere que se note quien manda. Que sepan todos que ellos son el gobierno y que puede, y harán lo que les venga en gana, según su criterio. Un criterio que, por cierto, les lleva a convertirse en la última resistencia europea de los partidarios del recorte.

Este viernes está previsto que aprueben la ayuda a Bankia. Miles de millones para reflotar las entidades financieras que salen de la educación y la salud de los ciudadanos. No hay dinero para políticas que impulsen el empleo, pero sí para salvar a entidades financieras mal gestionadas, y sin siquiera exigir que se depuren las responsabilidades.

Pero lo de menos es la decisión concreta de este viernes. Lo peor es la actitud de un gobierno que pretende imponer su criterio a toda costa. Creen que están midiendo sus fuerzas contra la izquierda, pero en realidad el pulso se lo están peleando al conjunto de la sociedad. Solo su cerrazón ideológica les impide ver los hechos tal y como son.  Esperan que la sociedad se agote de manifestarse y termine claudicando; pero eso está por ver, pues cuanta más presión contra la sociedad se ejerce, más razones adquieren para responder a la agresión a sus derechos. 

Hollande, la esperanza de Europa

Se ha consumado la derrota de Sarkozy. Una derrota que muchos han considerado humillante. Pues no solo ha salido como perdedor de las elecciones a la Presidencia de la Republica, sino que los resultados obtenidos son propios de un principiante. Es el primer Presidente de la V República Francesa que se presenta a la reelección y pierde en primera vuelta.

En Grecia los resultados son los esperados: el hundimiento de los partidos favorables al rescate y el auge de las posiciones más radicalizadas, entre ellas los neonazis de la Golden Daw, algo de lo que ya habíamos advertido en este blog hacía semanas. Y es que las políticas ultraconservadoras y neoliberales de los actuales líderes de Europa están llevando a la desesperación a millones de personas, muchas de las cuales se han dejado caer en los brazos de partitos nazis como el señalado.

Pero no solo los que sufren las restricciones impuestas por Merkel y su corte de virreyes se revuelven contra las políticas de “austeridad” que no son otra cosa que el desmontar sin pausa del modelo social que surgió tras la II Guerra Mundial, e incluso alterar los principios básicos que rigen nuestras democracias.

Ahí están los sindicatos alemanes manifestándose el 1 de Mayo en solidaridad con los países que sufren los recortes. Y ahí está el pueblo alemán, la auténtica Alemania, dándole un nuevo revés a Merkel en Schleswig-Holstein.  

Los medios conservadores enfatizan que la CDU ha ganado por la mínima, y que los bloques tradicionales: demócratas cristianos – liberales y socialdemócratas – verdes, obtienen un empate virtual. Sin embargo, se olvidan que el descalabro de CDU es considerable, así como el de sus socios; solo hay que comparar los resultados obtenidos en las anteriores elecciones y los actuales. Y se olvidan de comentar el hecho más importante de estas elecciones: la entrada en las instituciones del Partido Pirata, con un 8,2% de los votos.

También dirán que el Lander donde se han celebrado las elecciones es una región con una importancia relativa en el conjunto de Alemania. Algo también falso, pues es además de un potente sector turístico, es la región de las navieras, un Lander vinculado históricamente a la construcción de buques.

Los medios afines al dogmatismo religioso y político del gobierno, señalarán que las bolsas y el euro se hunden al conocer los resultados electorales. La verdad es que aún no sabemos cómo reaccionará Estados Unidos a la victoria de Hollande, ni siquiera como lo harán las bolsas europeas, pero como las asiáticas han acusado el cambio de orientación en Francia, abren sus titulares con la supuesta caída de los mercados. En cualquier caso, es habitual una ligera caída después de un proceso electoral, ocurre incluso en épocas de bonanza económica.

Aún nos falta para ver los cambios. Hollande precisa conservar la ilusión y el apoyo de los franceses hasta junio, momento en el que se celebrarán las legislativas, donde también es imprescindible un nuevo triunfo de la socialdemocracia.

Grecia queda en una situación de desgobierno que puede forzar nuevas elecciones dentro de poco. Y los más moderados de la CDU se empiezan a preguntar si realmente merece la pena seguir callados ante Merkel, mientras el partido que la hizo presidenta retrocede en todos los territorios.

A lo largo de los próximos días y semanas, estoy seguro que se comenzarán a disipar algunas dudas, pero lo más importante es que la sociedad europea está hablando con fuerza y transmitiendo un mensaje claro: cambio de rumbo ya. ¿Lo sabrán escuchar en la Moncloa? No creo. 

Al dos le sigue el tres

Si, ya lo sé, es una perogrullada; pero me viene que ni pintada para ilustrar lo que está siendo el eje de gobierno de Rajoy: los incumplimientos.

  1. Durante la campaña electoral aseguró que no subiría los impuestos. Y le faltó tiempo para subirlos nada más dormir las primeras noches en el palacio de la Moncloa.
  2. En las elecciones prometió no abaratar el despido. Y ha impulsado una Reforma Laboral que no sólo abarata el despido, es el mayor ataque a los derechos laborales de la historia española.
  3. El tercero viene de camino: acabar con el Estado Social. ¿Cuántas veces le hemos escuchado a él y a los suyos asegurar que no tocaría la sanidad ni la educación? Muchas. Tantas que hace solo una semana, la sanidad era intocable. Pero han vuelto de la Semana Santa, y tras sus ejercicios espirituales, la sanidad se ha convertido en insostenible. Lo que en el lenguaje de Rajoy significa: reducción de la cartera de servicios sanitarios y repago por la atención médica en los hospitales públicos.

Dos de las mentiras del PP ya son un hecho. A la tercera le queda nada para hacerse realidad. 

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