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Piruetas legales

El Tribunal Constitucional suspendió ayer, con carácter inmediato, la aplicación del polémico euro por receta en la Comunidad Autónoma de Madrid. Decisión esperada tras la suspensión de la misma medida en Cataluña. Aún quedan meses por delante hasta conocer la sentencia final del TC, pero llama la atención que, con un claro precedente, el Gobierno de la Comunidad de Madrid continuase adelante con su propuesta, a sabiendas que el TC suspendería la decisión tras conocer el recurso presentado por el Psoe de Madrid.

Se trata de una actuación política absolutamente inmoral e injustificable. Sin entrar a cuestionar la medida en sí (la cual considero injusta e inconstitucional, aunque no soy yo quien debe juzgar ambos extremos), es inadmisible que un gobierno juegue al malabarismo jurídico y use resquicios legales para imponer sus posicionamientos ideológicos. Si bien se ha cumplido estrictamente con la legalidad, y no parece haber ningún acto antijurídico en la actuación del gobierno de la Comunidad Autónoma de Madrid, es evidente que no les importó el espíritu que inspira a la legalidad. Pues una cosa es el contenido formal del ordenamiento jurídico y otra su fondo. Aquí vemos, de nuevo, que no se viola en contenido formal – la letra escrita – de la ley, pero se pasan por donde la espalda pierde su nombre el contenido de la misma y los valores cívicos que la inspiraron.

Estamos demasiado acostumbrados a ver en los poderes públicos este tipo de actuaciones que bordean la legalidad sin quebrantarla, pero vacían la norma de contenido. Ocurre, sobre todo, en cuestiones relacionadas con la sanidad y la educación por ser de naturaleza dual. Son a la vez, derechos y servicios públicos. La sanidad y la educación son derechos de las personas y los ciudadanos, recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en la Constitución Española. Como tales derechos reconocidos, el Estado tiene la obligación de protegerlos y garantizarlos, pero ¿tiene también la obligación de facilitarlos? De acuerdo con constituyente si, rotundamente sí.

El constituyente no sólo se limito a establecer un decálogo o relación abstracta de Derechos, en muchos casos, estableció también la obligación de los Poderes Públicos de facilitar su ejercicio. Sanidad y educación se convirtieron así, no sólo en Derechos, también en un servicio público del que las administraciones no pueden abstraerse.

Es cierto que, en otros modelos de Estado del Bienestar – algunos mucho más eficientes que el nuestro –, esta obligación no existe, e incluso servicios como la sanidad y la educación están parcial o totalmente privatizados. Pero no ocurre así en España, el consenso constitucional obligó al Estado a implementar por sí mismo y de forma irrenunciable los servicios públicos, gratuitos y universales de la sanidad y la educación.

Actualmente, asistimos a un juego de piruetas legales que busca sortear la voluntad del constituyente sin pasar por la reforma constitucional. Se pretende disociar la titularidad de la gestión, aprovechando la diferencia que el derecho civil hace de la propiedad y los derechos de uso, para permitir la cuasiprivatización de la sanidad. Se pretende, también, desligar la asistencia sanitaria del tratamiento farmacológico. Estamos ante una actitud legal, en el sentido estricto del acto jurídico: no incumplir la ley; pero quebramos el consenso constitucional, nos pasamos por el arco el espíritu de consenso que ha hecho posible nuestra convivencia y progreso durante tres décadas. Una política de hechos consumados inmoral y abyecta que tiene como consecuencia, no sólo el deterioro de los servicios públicos, sino el fin del consenso constitucional y en consecuencia de la convivencia, abriendo la puerta a reivindicaciones que estaban a buen recaudo en el baúl de los recuerdos. 

La crisis de la socialdemocracia

La socialdemocracia pasa por sus horas más oscuras. De los 502 millones de europeos que formamos la UE, sólo 79 millones están gobernados por la socialdemocracia. Y esto gracias a Hollande, que al ganar las elecciones en Francia a sumado 65 millones, pues tras la derrota del Psoe en España, el hundimiento de la socialdemocracia europea les dejó una cuota de poder ínfima, insignificante, con un control institucional sobre sólo 14 millones de habitantes.

Si repasamos la distribución de los parlamentarios europeos, los conservadores aventajan a los socialdemócratas en un 35% de representación institucional, 271 europarlamentarios frente a 189 de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas. Triste situación para quienes representaron el sueño y los valores de la vieja Europa. ¿Cómo se ha llegado a esta situación?

La crisis de los 70 supuso el final de las teorías de Keynes. La aparición de la estanflacción acabó con la capacidad de las doctrinas keynesianas para enfrentar las crisis económicas. Hasta ese momento, la inflación se había producido por desequilibrios en la oferta y la demanda, pero a partir de las crisis energética de los 70, la crisis se originó por una inflación originada en la escasez de recursos. O dicho de manera más precisa: la demanda estructural de materias primas (en especial energética) presionaba al alza los costes y en consecuencia los precios, generando la inflación. Y lo que era – y sigue siendo hoy en día – aún peor: la tendencia al alza no se detendría salvo que dejásemos de consumir. Algo impensable entonces y ahora.

La respuesta a la situación la dio Milton Friedman, quien introdujo las expectativas en los modelos económicos y favoreció, con sus propuestas, que la subida de los costes de las materias primas se compensase con los costes productivos. Es decir, mayor flexibilización en el mercado laboral y un control férreo del gasto público. Comenzó la era del déficit cero. Sin embargo, los políticos solo leyeron la parte que le interesaba de las teorías de Friedman. Cuestiones como la legalización de la marihuana, o la apuesta por la educación pública (Milton protagonizó una campaña a favor de los cheques escolares en USA), fueron arrinconadas.

La aplicación parcial e interesada de las teorías de Milton supuso que, en los 90, la crisis hiciera saltar por los aires el modelo. La respuesta fue recurrir al crédito. Y de aquellos polvos estos lodos. La socialdemocracia, durante todo ese periodo, no articuló ningún discurso alternativo, y se dedicó a implementar políticas neoliberales contra las que, desde la perspectiva histórica y moral de la socialdemocracia, debía estar en contra.

Esta aplicación de recetas neoliberales y la falta de una propuesta intelectual, llevaron a los partidos socialdemócratas a preguntarse cómo podrían diferenciarse de sus competidores electorales. En el fondo, al hacerse esta pregunta, reconocían la falta de un modelo económico y social que confrontar al neoliberal, pero sobre todo, suponía la renuncia a la política. Ya no hacían política, se dedicaban al marketing.

Como elementos diferenciadores, eligieron, sobre todo, los relacionados con el multiculturalismo. Podían haber hecho una apuesta mucho más fuerte por la integración europea, convirtiéndose en los referentes del federalismo político en Europa. O haber optado por cambios en las leyes electorales para favorecer la participación ciudadana. Incluso podían haber competido con los emergentes verdes por una economía sostenible. Pero no lo hicieron. Se dedicaron a gestionar las instituciones con criterios neoliberales y exaltar cuestiones multiculturales como bandera de su diferenciación respecto de los conservadores.

Basta observar la base electoral de la socialdemocracia francesa, que es la que mejor está resistiendo, para comprobar cómo su electorado se ha ido transformando en las últimas dos décadas. Los estudios que se presentan en el país galo, están demostrando que la socialdemocracia sólo obtiene mayoría entre los grupos de origen emigrante; mientras que los jóvenes optan por posiciones más alternativas, defendidas por verdes y organizaciones antisistema; y los partidos más populistas arrasan entre las clases obreras francesas.

Los propios think thaks cercanos a las formaciones socialdemócratas de toda Europa, hablan sin tapujos de la “crisis de la socialdemocracia”, pero aunque algunos son capaces de diagnosticar la enfermedad y sus causas, nadie parece comprometido a impulsar las soluciones.

Los partidos socialdemócratas europeos están inmersos en una crisis interna que les impide enfrentar la crisis de identidad e ideológica que sufren. La pérdida del poder los ha vuelto formaciones cainitas dedicadas a luchar unos contra otros para repartirse las migajas de poder que aún conservan.

El caso de España es paradigmático. Durante décadas, el Psoe ha contribuido a generar un cuerpo parapolítico insostenible, costoso, y que tarde o temprano terminaría fagocitando al partido. Demasiadas fundaciones, ong, patronatos, empresas públicas, etc. El Psoe actuó – y en esto se da la mano con los conservadores del PP – como una agencia de colocación. Una estructura de promoción laboral en el marco de las instituciones y en paralelo a la administración.

La política se ha convertido en una profesión. Uno se afilia a las juventudes de un partido, compite con los de su generación por la obtención de un puesto de dirección política, y comienza una carrera profesional que lo llevará por diferentes instituciones, fundaciones, ong y cargos de representación hasta que se jubile. Esto ha significado que las clases medias dejen de identificarse con la política, pero más en particular con la socialdemocracia.

Si los partidos no son capaces de abrir sus candidaturas a la sociedad, se vuelven sectas endogámicas. Y esto es especialmente grave en el caso de la socialdemocracia, que en principio tienen como objetivo la defensa y representación de las clases medias. Las clases altas siempre han sido elitistas y endogámicas; pero cuando las fuerzas políticas que debieran combatir esas situaciones se vuelven tan sectarias como aquellos a los que dicen combatir, la catástrofe está servida.

 

Humo negro

Artur Mas ha levantado una cortina de humo para ocultar sus vergüenzas. Cataluña lleva sufriendo más de una década de desgobierno. El tripartito dejó el patio hecho unos zorros, y CIU, en su retorno al gobierno de la Generalitat no ha sabido – o no ha querido – solucionar los problemas de fondo. Ahora, con el agua al cuello y el descontento en las calles, provocado sobre todo por sus recortes en sanidad, educación y bienestar social, agita la bandera nacionalista con la esperanza de pescar votos en rio revuelto.

Flaco favor el que hace a Cataluña y ninguno a España. Se equivoca si cree que puede engañar a los catalanes con falsas promesas. El nacionalismo es como la fantasía épica: a todo el mundo le gusta el Señor de los Anillos, pero no salimos a la calle vestidos de elfos. Soñar es divertido, necesario incluso; el problema sobreviene cuando olvidas la realidad.

No le doy mucha importancia al tema porque estoy convencido que CIU enfriará los ánimos tras revalidar el gobierno de Cataluña. Pero es cuestión peligrosa abrir la caja de Pandora; no sabes que podrás encontrar dentro. A veces, cuando pones en marcha procesos de esta índole, corres el riesgo de no disponer de suficientes mangueras a tiempo para apagar el incendio. Que se lo digan a la joven que cursó una invitación pública para su fiesta de cumpleaños en facebook y se encontró con miles de jóvenes acudiendo en masa a su jardín.

Los nacionalistas catalanes buscan la confrontación con España para obtener réditos electorales suficientes con los que seguir mangoneando. Están manipulando a gran parte de la sociedad catalana. Desde que se habla de la independencia, ya no se habla de los problemas en los hospitales, del cierre de ambulatorios, de la difícil situación de los comedores escolares, del aumento injusto y abusivo de los peajes o de los problemas de seguridad ciudadana. CIU juega a demonizar a España para, haciéndola responsable de sus males, presentarse ante el electorado como adalides de la libertad. En este silogismo absurdo solo hay una víctima: la verdad. Saben que la única solución para Cataluña es más España, igual que para España la solución es más Europa; pero sus intereses personales les llevan a empujar a toda Cataluña hacia el precipicio del absurdo.

 

Hollande versus Rajoy versus Monti

Las comparaciones son odiosas y con frecuencia injustas. Las circunstancias de España, Francia e Italia no son las mismas. Tampoco nuestra historia y formas de ser son iguales; pero singularidades a parte, somos países con muchas, muchísimas cosas en común. Pero sobre todo, con la voluntad férrea de construir juntos un futuro común.

Es inevitable que las comparaciones surjan, y con ellas se evidencien nuestras fortalezas y debilidades como país. Esto no debería ser un problema. Al contrario, es la oportunidad de crecer y mejorar, siendo también generosos con el resto de pueblos que forman la UE.

También nos da la oportunidad de juzgar distintos estilos de hacer política y enfrentarse a los problemas.

En los últimos días, circula por internet una carta con los “éxitos” de la gestión de Hollande al frente de su gobierno. Este texto es un bulo. En él puede apreciarse un despropósito absoluto en las cifras. Se afirma que con sólo 2,3 millones de euros se construirían 4.500 jardines de infancia, es decir 511€ por escuela.

Tampoco es cierto que se hayan suprimido las ayudas a la Iglesia, tal y como se afirma. Es falso, estas ayudas se mantienen. Existe, eso sí, un compromiso electoral de reformar la constitución para que Francia se defina como un Estado Laico, y suprimir “algunas” ayudas. Pero esto no se ha hecho aún y dependerá de la Asamblea Nacional.

La contratación de científicos es un proyecto que lleva tiempo en marcha en Francia y que implica a tanto el Estado cómo a la inversión privada. El número aportado por el citado bulo, quizás no sea exacto, pero parece bastante aproximado a la realidad de años anteriores.

Los maestros contratados hasta el momento, eran contrataciones previstas hace ya tiempo por el anterior ejecutivo de Sarkozy.

No existe en Francia nada parecido a “bono – cultura” o “comités de emprendedores estatales” encargados de gestionar las ayudas públicas. Esto es uno de los disparates más importantes del texto.

Es una pena que algunos estén recurriendo a la intoxicación para intentar sacarle los colores al gobierno de España. ¿Acaso no da ya suficientes razones para la crítica que hay que buscarlas en la mentira?

Puede que, lo que pretendan sea arrimar el ascua a su sardina. Pero resulta que el Psoe y Partido Socialista Francés se parece lo que un huevo a una castaña. Además, resulta que el referente histórico del Psoe siempre ha sido la socialdemocracia alemana. Y fue Schroeder quien inició la política hoy continuada por Merkel que tantos problemas ha generado en Europa. Basta con escuchar a Almunia para saber lo que realmente piensa el Psoe.

Por nuestra parte, que ni ganamos ni perdemos nada en esta pelea de putas viejas, confiamos en la verdad y la razón, el diálogo y los argumentos. No nos hicimos eco de las mentiras – algunos querían que publicásemos el texto –, ni lo haremos nunca.

Considero que los grupos prosocialistas que circulan por la red, manipulando y extendiendo bulos, harían mejor en hacérselo mirar por un buen especialista.

Aprovechamos la coyuntura para hacer un resumen de las decisiones más conocidas de Hollande, Rajoy y Monti. Algunas, la verdad, resultan envidiables. Y es cierto que las medidas de Rajoy son las más antisociales y las que peor resultado están cosechando. Por ejemplo, la prima de riesgo española estaba por debajo de la italiana y ahora es la española la que está muy por encima de la italiana. Razón: Monti ofrece más credibilidad a los mercados que Rajoy. 

HOLLANDE RAJOY MONTI
Sustitución progresiva de los vehículos oficiales por híbridos de fabricación francesa. Subida de 3 puntos en el IVA 20.000 Millones de ajuste.
Contratación de 2.560 jóvenes científicos en 175 centros de investigación (con apoyo privado). 65.000 millones en recortes y ajustes. 10.000 Millones para el crecimiento.
Impulso europeo a las políticas de crecimiento. Reducción de los subsidios de desempleo.  Desaparición de la ayuda de 400€. Aumenta el periodo de cotización: 42 años para los hombres y 41 para las mujeres.
Reducción de los salarios de los altos cargos del gobierno en un 30%. Supresión de la paga extra de navidad en la administración. Congelación de las pensiones de más de 960€.
Supresión de la subida del IVA prevista para el 1 de octubre. Reforma Laboral: facilita el empleo y resta fuerza jurídica a los convenios colectivos. Tasa especial para los bienes de lujo y los coches de alta gama.
Adopción de un código deontológico que regula el uso de vehículos en viajes oficiales: estos se realizarán prioritariamente en tren. En avión en clase turística. Aumenta el número de personal eventual y asesores en Moncloa en un 28% (de 192 durante el gobierno Zapatero a 245 en el actual). Supresión de las Juntas Provinciales.
Reducción del IVA que afecta a la cultura de un 7% a un 5,5% (2,5% para estrenos teatrales). Derogación de facto de la ley de dependencia. Beneficios fiscales para la inversión en empresas.Iglesia

Algo que llama mucho la atención a los ciudadanos es el lujo de los coches oficiales y los viajes de los políticos. Hollande lo sabe y ha decidido apostar por vehículos ecológicos, de producción francesa, y gama media. Además, aconseja a todos los altos cargos de su administración, ministros incluidos, que cojan el tren y eviten los aviones. En su caso, siempre vuelos comerciales y en clase turista.

Aun está por ver que los costes del viaje de un ministro, asesores y seguridad compensan. El viaje en tren de Hollande a Bruselas no fue más barato que si lo hubiese hecho en avión privado. Sin embargo, la política es algo más números, también son gestos, actitudes, manera de hacer las cosas. En Francia, donde los políticos siempre se han caracterizado por “vestir ropa de diseño francés”, esos pequeños gestos son muy bien recibidos por la población, incluso constantemente demandados. ¿Serían igual de bien recibidos en España? Quiero pensar que sí. Pero en España tenemos los políticos que tenemos y sería demasiado pedirles peras a un olmo.

Tomar la calle

Hoy jueves, están previstas concentraciones en todas las capitales de provincia para manifestar la repulsa contra las políticas de Rajoy. Como en los días sucesivos, donde colectivos como el de los bomberos y policías han estado encabezando algunas marchas, confiamos en la participación masiva de la población. Es la única manera de hacer rectificar a un gobierno sordo a toda razón o argumento.

El recorte de 65.000 millones que anunció Rajoy, la subida de impuestos y el resto de las medidas leoninas que se ceba en los más débiles son inútiles. La prima de riesgo sigue 200 puntos por encima de los precios que se justificarían con nuestros fundamentales y las previsiones de recesión para el 2013 son de más de medio punto sobre el PIB, a causa de estas medidas.

Incluso el FMI cuestiona veladamente las políticas de Rajoy. Han sido los primeros en revisar a la baja nuestras expectativas para el año próximo, donde ya auguran una caída de, como mínimo, el 0,6% de nuestro PIB. Rajoy ¿es usted imbécil? ¿No se da cuenta que el problema no está en los funcionarios  ni en los parados? ¿Quiere hacer el favor, de una maldita vez, de darse cuenta que el problema de deuda de los mercados es un problema de la arquitectura de la moneda única?

Hans-Olaf Henkel, uno de los ideólogos de esta pifia de moneda que nos colaron, ha repudiado públicamente su criatura, a la que califica como <<el mayor error de su vida>>. Es uno de tantos y tantos economistas que consideran que sólo una reforma en profundidad del euro puede salvar la economía del continente.

Pero Rajoy no atiende a razones. Mucho menos Soraya, Esperanza o Cospedal. Sus verdades son absolutas. Y si no gusta, pues <<que se jodan>>, como dijo la Fabra. Bien, pues los españoles no nos resignamos a sus verdades de sacristía y penitencia. Saldremos a la calle de manera pacífica y democrática. Os lo pasaréis por el forro, como siempre. Mañana saldrá la <<Espe>> y escupirá alguna de sus lindezas contra los manifestantes. Vale, lo sé, pero ¿sabéis una cosa? Si ladran es que cabalgamos, que se jodan. 

Un día como este

Un día como este, pero de 1789, los parisinos tomaron al asalto la Bastilla. Un viejo amigo, escéptico y pesimista existencial, pero bastante buena gente, dice que, si el pueblo llega a saber lo que vendría después, se hubiesen dado la vuelta y regresado pacíficamente a sus casas.

Supongo que la humanidad está condenada a sufrir una desilusión constante. Ni la libertad conquistada aquel día fue para todos ni para siempre; tampoco la democracia y la prosperidad trabajada durante años nos han servido de mucho.

¿Tenemos los humanos un gen gilipollas o es que en el fondo somos masoquistas? Sorprende el número de veces que caemos en los brazos de imbéciles y corruptos. Parece que nuestro destino, el karma del que hablan los budistas, está marcado por la incompetencia de los gobiernos y la pasividad de las sociedades.

La historia es una sucesión de traumas. De causas perdidas y oportunidades que dejamos pasar. Los españoles podemos cargar las culpas sobre reyes felones, políticos corruptos y  curas fanáticos – que de los tres hemos tenido para dar y regalar –, pero todos somos responsables en lo que nos sucede. Por acción u omisión.

Con alegría dejamos que se inflase la burbuja inmobiliaria hasta que nos estalló en la jeta. Con alegría permitimos a los bancos inundar el país con dinero barato, como si ellos fueran los dueños de la imprenta y no fuese a llegar  nunca el día de pagar la cuenta. Con alegría nos desentendimos de los asuntos públicos y nos dedicamos cada uno a lo suyo: amasar cuanto más mejor y si te he visto no me acuerdo. Mientras, los políticos, buscaron el interés propio. No bastó con que metieran la mano en la bolsa; algunos hasta se la llevaron a casa. De paso, como nadie los controlaba, crearon una red clientelar, de estómagos agradecidos y vagos con sueldo público, que les ayudase a mantenerse en el poder si las cosas se ponían peludas.

Con la misma alegría e inconsciencia que hace años permitimos todo aquello, estamos permitiendo hoy que desmonten la sanidad pública y desmiembren la educación. Miramos hacia otro lado mientras construyen un país de enfermos y analfabetos.

Aplaudimos la llegada del Eurovegas, donde sea que al final ponga el huevo, sin reparar que nuestros hijos heredarán la fama que hoy tiene las Vegas. Que con todos mis respetos, no es el lugar donde me gustaría que crecieran mis nietos.

Asumimos la desilusión como una constante en nuestra historia. Y quizás sea cierto. Pero aquel 1 de julio de 1789, los hombres y mujeres de París sacudieron los miedos y las dudas, fueron dueños de su destino y cambiaron el rumbo de la historia.

Andaba el barón de Besenval por la explanada de los Campos de Marte con más miedo que vergüenza. Sabía que la cosa iba en serio. Suerte tendría si lograba salvar su pellejo. Preguntó a sus soldados si marcharían contra los amotinados. La respuesta unánime fue que no, y la Bastilla quedó a merced de los amotinados. El destino, por un día, se puso de nuestra parte.

Poca Wert-güenza

Una de las últimas declaraciones del Ministro del la Mala Educación en España, ha sido afirmar que quienes no tienen recursos para la educación de sus hijos es porque los destinan a otras cosas.

En un país con el 22% de las familias viviendo por debajo del umbral de la pobreza según Cáritas, nada sospechosa de ser izquierdista; con 50.000 familias que pierden cada año su casa; con las cifras de desempleo más altas de la historia; y con un salario medio anual de 22.511€ brutos, esa afirmación es un calumnia ofensiva e intolerable. En muchos estados de nuestro entorno, si un político dice algo así, sus propios compañeros de partido le piden la dimisión.

Aquí no ocurrirá eso. La estrategia del PP pasa por culpar a los desempleados y las clases bajas. Si son pobres es porque se lo merecen. Ya no existe la pobreza, existe solo el fracaso. Quien ha perdido su casa, según se infiere por las declaraciones de líderes del PP como el señor Wert, es porque no han sabido administrar sus recursos, y no porque la empresa en la que trabajaban los despidiese poco antes de cerrar la persiana a causa de la difícil situación económica.

Lo he dicho en este blog más de una vez y lo mantengo: lo peor del gobierno de Rajoy no es el daño económico que está causando al país, lo peor es la degradación moral que está alentando. 

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